Categoría: Iglesia hoy

A 50 años de Martin Luther King Jr.

A 50 años de Martin Luther King Jr.

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Las misiones en el Tercer Milenio (4)

Las misiones en el Tercer Milenio (4)

Cambio de patrones mentales

Circunstancias diferentes exigen procedimientos diferentes. Para las misiones cristianas entre pueblos no alcanzados, esto no sólo significa adoptar al enfoque intercultural, no sólo significa trabajar bajo la perspectiva del misionero nativo; el hecho que 80% de la población no alcanzada no goza del pleno desarrollo de su bienestar social y material, o incluso habita zonas privadas por completo de este bienestar, conduce necesariamente hacia una fuerte orientación social en la evangelización.

Ya en 1974, en el documento elaborado durante el Primer Congreso para la Evangelización Mundial, conocido como Pacto de Lausana, los líderes mundiales de la Iglesia contemporánea habían destacado el carácter social universal que debe tener la propagación del Reino. En 2010, el Tercer Congreso renovó y enfatizó en este compromiso, expresando nuevamente que la salvación espiritual eterna del hombre se manifiesta delante del necesitado en forma de atención integral. En caso contrario es difícil hacerle entender por qué el Dios que le ama tanto para llevarlo consigo en una vida posterior, se muestre tan indiferente con lo que le toca vivir en el presente.

Pan integral

Jesús es el pan de vida y la da en abundancia. Por el uso del griego zoé que en las Escrituras se usa para expresar «lo más excelso mejor que los santos poseen en Dios» se relaciona claramente con la vida espiritual. Al otro lado, el pan que debemos pedirle al buen Padre, es alimento para mantener al cuerpo físico en condición de seguir en el bios, un término que no sólo significa existencia sino hasta los medios para sustentarla.

Asombrosamente, muchos creyentes dudan a la hora de aportar a la obra social -sea local o misionera- porque parecen temer que el recibo gratuito de recursos convierta a los receptores en holgazanes o les induzca al despilfarro.

Es muy posible que entre los que hemos recibido la gracia haya quienes la desperdicien o descansen en saberse a salvo sin sentirse llamado a servir. ¡Gracias a Dios que esto no le impedió manifestar su generosidad!

La posibilidad del abuso no puede poner límites a la generosidad, pero sí debe conducir a organizaciones y programas cuidadosamente planeadas para obtener el mayor resultado de los recursos.

Saber que el hombre no sólo vive del pan no nos excusa cuando se trata de alimentarlo, más bien, nos debe incentivar a acompañar al Pan de vida con el pan de todos los días. La Iglesia de Cristo es la única poseedora de este Pan integral!Repartámoslo con manos llenas y en mayores cantidades allá donde los hambrientos no tienen ni de lo uno ni de lo otro!

Continuará…

Mujeres ad portas del Club de Patriarcas

Mujeres ad portas del Club de Patriarcas

Un 8 de marzo en 2018

Hay muchas características que separan la teología europea de manera distintiva de la conceptualización norteamericana, latinoamericana y africana. Algunas (todavía) no pueden ser tratadas dentro del marco de un blog seminarista; pero parece que para la “cuestión femenina” ha llegado el tiempo de ser lanzada a la discusión pública y abierta dentro de las aulas, los foros y demás círculos involucrados en la formación de opiniones entre el pueblo cristiano (latino)americano. En este caso, los europeos pueden figurar como punto de referencia hacia dónde puede llevar un revision general del tema, a lo largo y ancho de la vida cristiana.

Hagamos primero un breve inventario del estado actual de la situación de las mujeres en la Iglesia y en lo que esta proyecta (o no) sobre la posición de las mujeres en la secularidad.  ¿Cuál es el marco dentro del que estamos parados actualmente?

Diagnóstico: la revuelta ha empezado, pero es lenta

Como es típico para la teología protestante evangélica, hay gran diversidad de interpretaciones. Basta con dar algunos ejemplos:

Los tradicionalistas

La Convención Bautista del Sur, luego de algunas deliberaciones, en 2000  mantuvo su doctrina de los roles complementarios, decidiendo que era bíblicamente erróneo dignificar los ministerios femeninos por la ordenación. Al mismo tiempo parece haber un tácito acuerdo sobre el diaconado femenino; de hceho, en esta, como en tantas otras denominaciones, a las mujeres se admite en el servicio (poca cosa ya que sin servicio de las mujeres, las comunidades serían más o menos paralizadas). Una interpretación de escasa exégesis, culturalmente enraizada en el “Cinturón de la Biblia” de los estados menos industrializados del norte americano, se opone al avance y amenaza a los divergentes con expulsión.

Los teóricos

Las Asambleas de Dios, la mayor denominación pentecostal, en principio han abierto las puertas a la inclusión plena de mujeres al ministerio; la repercusión en la práctica, sin embargo, ha sido modesta, en muchos lugares casi nula. Aun cuando en los seminarios y en los ministerios la participación femenina ha llegado a ser igualitaria o hasta numéricamente superior, un vistazo a la composición de los concilios nacionales y distritales hace claro que de la teoría a la práctica todavía habrá que correr un largo trecho. Esto se debe a conceptos radicados tanto en la cultura tradicional como en una doctrina del  rol complementario del género que no ha sido sujeta a revisión. Suficiente con asistir a una ceremonia matrimonial para darse cuenta de ello.

Los progresistas

Los “liberales”, usando el término en el sentido popular como etiqueta aplicada a todos los no Fundamentalistas (con F en mayúscula), son los que menos problemas perciben en el asunto del liderazgo.  En la Iglesia Evangélica Alemana (luterana), el Concejo Nacional consiste de 15 miembros, 7 de los cuales son mujeres, el presidio del sínodo es mujer, y entre 2000 y 2010, toda la Iglesia Evangélica Alemana, con más de 22 millones de miembros, fue dirigida por una obispa. Sin embargo, a pesar de un incremento en el número de mujeres que dirigen comunidades como pastoras y obispas, la mayoría de las posiciones continúa en manos masculinas. También anglicanos y episcopales se encuentran en situaciones similares.

En general, aunque cuando en algunas agrupaciones las tradiciones sentimentales aprendidas todavía batallan contra lo que se reconoce de manera intelectual como la interpretación hermenéutica y exegéticamente correcta, el progreso está en camino y dependerá en mucho de la situación de las mujeres en el área secular (incentivos y disponibilidad para la formación y educación continuada).

Fuera del ámbito evangélico

La realidad social también está afectando al entendimiento tradicional de otras corrientes cristianas. Por interés, agreguemos dos sectores muy diferentes:

Los Santos de los Últimos Días, una secta marginal poco numeroso, pero que por su historia y ubicación recibe mucha atención, han hecho titulares en las que figuran más y más mujeres, educadas en la doctrina de esta comunidad, que reclaman el oído de sus autoridades y manifistan su descontento al no ser tomado en cuenta. Hay un número de egresos debido a la negación de los gobernantes a examiner los reclamos. La doctrina mormona instrumentaliza a las mujeres como medios de la procreación, lo que hace estas protestas todavía más notables.

La Iglesia Católico-Romana es la mayor de todas las denominaciones cristianas y hasta ahora, de forma sorprendente, ha logrado mantener bajo un solo manto a convicciones y prácticas bastante diversas, sencillamente por declarar sacrosanctas a sus instituciones. El aggiornamento –la actualización comenzada en el Segundo Vaticano- dio luz a cambios profundos; de hecho, tan profundos que vastas porciones del pueblo católico ni siquiera ha tomado conciencia de ellos. Al otro lado, este pueblo, como siempre lo ha hecho, vive su propia versión de doctrina, independiente de la aprobación oficial.

¿A dónde conducirá esto con respecto a las mujeres? Mientras es probable que el celibato dentro de pocas décadas podrá ser reformado o hasta abolido, un compromise en cuanto a la inclusión de mujeres o en cuanto a su papel tradicional en sociedad y familia, no está a la vista. Podrán mejorar en algunos aspectos, como lo muestran las últimas noticias. Pero en esencia, las católicas tendrán que conformarse con ser personas de segunda clase, si es que no prefieren abandonar una iglesia de exclusiva conciencia masculina.

Resumiendo

Si admitimos que trasversando al mundo cristiano existe cierta inquietud entre mujeres creyentes que se manifiesta en una creciente actitud beligerante, ¿de qué manera y desde cuáles ángulos debería la Iglesia revisar sus posiciones? ¿Cómo llegar a ser tanto teológicamente fiel como pragmáticamente sostenible en la “cuestión femenina”?

 Continuará…

 

Las misiones en el Tercer Milenio (3)

Las misiones en el Tercer Milenio (3)

Una historia de enfoques erróneas

El concepto de misiones dentro del marco de las iglesias cristianas ha sido tradicionalmente pobre y reducido. Entre las múltiples razones se encuentran

  • el centralismo de la Iglesia Católico-Romana, que desde su origen identificó las misiones con la afiliación a la Santa Madre en Roma y no estaba interesada en el crecimiento de fuertes iglesias locales, autónomas y autóctonas.
  • la concentración determinada de las iglesias protestantes en combatir todo lo «católico» sin mirar más allá de los confines del mundo cristiano
  • doctrinas aparentemente bíblicas que declararon al status quo del mundo como producto de la soberanía divina – «si el Señor quisiera salvar a los paganos, lo hará sin nuestra ayuda»: predestinación doble, fundamentalismo, y otras
  • el paternalismo de las misiones occidentales, confundiendo el proceso de cristianizar con la implementación de la civilización occidental
  • Finalmente, la indiferencia pronunciada de la iglesia contemporánea evangélica «posmoderna» frente a todo lo que no concierne su propio bienestar y prosperidad.

El efecto de estas actitudes: un abismo cada vez mayor entre lo alcanzado y lo que falta por alcanzar.

La gran ausente en las misiones: la Iglesia

Paradójicamente, la omisión de la iglesia cristiana en alinearse a los propósitos del Señor, queda demostrada por la historia de los misioneros pioneros y la existencia de las organizaciones paraeclesiásticas, conocidas como agencias misioneras. Desde Patricio en Irlanda (siglo V d.C.) hasta Albert Schweitzer en Gabón (siglo XX), los misioneros siguieron a su llamado personal -vea la historia de José Satirio Dos Santos-, sin ayuda de parte de la Iglesia o incluso teniendo que superar la resistencia de ella. En tiempos modernos, estos pioneros dieron origen a empresas legendarias: las Misiones Jesuitas de acuerdo al modelo de Francisco de Javier, la Misión al Interior de África, siguiendo a los pasos de Livingstone, la Misión al Interior de China, fundada por Hudson Taylor, y muchas otras. Ante este telón, más resalta la ausencia de la iglesia en sí. A pesar de la Gran Comisión, el movimiento misionero nunca ha sido un movimiento masivo.

Cambio de paradigmas: la iglesia local como plataforma de las misiones

El número de creyentes dispuestos a trazar su proyecto de vida alrededor de la extensión del Evangelio es ínfimo y totalmente insuficiente frente a una necesidad y urgencia abrumadora. No obstante, el cambio en el eje de la cristiandad -desde una religion de blancos hacia un campo con dominancia multicolor- abre la puerta a cambios en los paradigmas misioneros, ante todo en cuanto a la identidad de la obra y de los obreros.

Acompañamiento espiritual, la capacitación metodológica y el apoyo financiero masivo para los misioneros nativos, pueden ser el suelo sobre el cual edificar las misiones del Tercer Milenio. Proporcionalmente a la expansión de la plataforma local, la iglesia fortalece el brazo extendido hacia los pueblos no alcanzados por medio de las misiones nativas.

El déficit en la misiones, acumulado a lo largo de siglos por una Iglesia que mantiene la vista clavada en sus propias necesidades antes que en los propósitos del Señor, sólo se recupera colocando nuevos odres, nuevos patrones de pensamiento, en las mentes de los millones que llenan los templos pero que aún no han descubierto la transcendencia de la existencia cristiana.

Continuará…

El día de cobrar la ganancia

El día de cobrar la ganancia

Hoy, 21 de febrero 2018, en las horas de la mañana, murió Billy Graham.

Si vivo, quiero hacerlo para servir a Cristo, pero si muero, salgo ganando.  Fil 1:21 (TLA)

¿De dónde viene este agudo sentido de pérdida que no fallan de experimentar los que hayan observado ciertas facetas de este hombre, William Franklin Graham, nacido el 7 de noviembre 1918 en un rancho de Charlotte, Carolina del Norte?

No perfecto, pero el mejor

Mucho se dirá en su biografía: algunos idealizando sus  logros como predicador más escuchado de la historia, o admirando (envidiando?) su roce con las más altas esferas de la política en escala global; todavía otros -creyentes- criticando la simplicidad de su mensaje; y no pocos que también se llaman cristianos, censurando su negación de proferir  pronunciamientos de condenación en contra o su falta de declarar su apoyo a favor de esta o aquella causa, sea política, social o moral.

No racista en medio del racismo

En los casos en los que lo hizo, para algunos no era suficientemente enfático – a pesar de invitar a Martin Luther King a predicar a su lado en New York, y a veces pagar la fianza del frecuentemente encarelado líder del Movimiento para los Derechos Civiles, Graham no participó en las marchas organizadas, donde hubiera podido hacer mucho bien.

Sin embargo, como todos nosotros merece ser evaluado primeramente dentro de los parámetros de su propio tiempo. Para alguien de afiliación con los Bautista del Sur su posición en contra de la segregación racial era audaz, así como era su protesta en contra del regimen de apartheid en Sudáfrica. un lugar donde se negó a predicar mientras existieran estas condiciones.

No politico en medio de la política

A pesar del muy hablado papel como capellán presidencial y su amistad personal con algunos de los presidentes americanos, la actuación de Billy Graham nunca era partidista. Sentía el llamado pastoral de orar y aconsejar a los que desde la Casa Blanca se ocuparon del bienestar de la nación (y en cierta medida del destino del mundo),  en lo que desde su entendimiento eran los asuntos que más preocupaban a Dios. Pero levantó una fuerte voz de advertencia en contra de la surgiente “mayoría moral”, el intento evangélico de imponer una agenda política de la conservadora derecha y ultra-derecha.

Como se puede observar a lo largo de la historia, la influencia real que ejercen los consejeros espirituales no deja mucho efecto positivo medible: Nixon hizo lo que hizo, a pesar de Billy Graham, y lo mismo se puede decir de Reagan,  Clinton y los dos Bush. Pero el predicador evangélico también trabó amistad con el católico Kennedy y era familiar con senadores y representantes de los dos partidos (se supone que votó por los Demócratas).

No codicioso en medio de un ministerio de codiciosos

El auge de los teleevangelistas llevó a la luz pública también los abusos en los que muchos de ellos incurrieron. Lo que inmortalizó Sinclair Lewis en 1926 en su novela “Elmer Gantry”, la figura del predicador ambulante que detrás de la máscara del santo se aprovecha de la credulidad de las personas, ahora hizo que para muchos la palabra “teleevangelista” tenía cierto tinte sospechoso. En medio de escándalos estruendos que involucraron los temas perpetuos de sexo y dinero (Jimmy Swaggart y Jim Bakker fueron finalmente expulsados de las Asambleas de Dios), la Asociación Evangelística Billy Graham y las múltiples agrupaciones anexadas quedaron sin reproche. Su estilo de vida personal siguió siendo él de un hombre crecido en Carolina del Norte y su vida familia, problemática a causa de sus largas ausencias, no sufrió por ningunas de las indiscreciones que eran (son) tan comunes en este medio.

La transcendencia de su obra

Billy Graham saluda a 2400 líderes cristianos de 150 países en Lausana 1974

A la pregunta cuál entre todos sus notables logros consideraba su mayor legado, Billy Graham contestó: “El Movimiento Lausana”.

Ciertamente, los estadios llenos en los cinco continentes y las transmisiones radiales que semanalmente llegaban a millones, muy pronto pertenecerán a los lugares remotos de la memoria. Lausana, sin embargo, permanecerá  como punto de partida de una nueva etapa en la historia de la Iglesia, una etapa que apenas comienza a escribirse. Y con el movimiento puesto en marcha por lo que él mismo llamó “una gran necesidad espiritual”, el nombre de Billy Graham, su fundador.

En el tributo que le rinde el Movimiento Lausana lamentando su fallecimiento se destaca la siguiente evaluación:

En el ministerio evangelístico de Billy Graham la unción fue acompañada por agilidad mental y visión a largo plazo .

La transmisión de su fe

Billy Graham tenía la extraordinaria habilidad de poder transmitir su creencias personales a audiencias escépticas y adherentes de otras religiones, sin causar esta impresión de fastidio que de antemano desconecta al público que no comparte la fe del predicador y lo imuniza contra el mensaje.

En 1964, Cardenal Richard J. Cushing, entonces el arzobispo católico de Boston, declaró que ningún católico que escucha predicar al Señor Graham puede “hacer otra cosa sino volverse un mejor católico”.

1990-Encuentro entre el Papa Juan Pablo II. y Billy Graham en el Vaticano

Por supuesto, para sectores fundamentalistas tal reconocimiento de la influencia que ejercía su predicación era  motivo de acusar a Graham de ser “ecumenista” -un insulto en aquellos círculos-, reafirmado en 1990 cuando el evangelista visitó al Papa Juan Pablo II en el Vaticano y declaró su acuerdo con el papa en que las confesiones cristianas debían evitar entrar en conflicto en la recién reunificada Alemania.

En ocasiones como las famosas entrevistas con Larry King, en la televisión americana, el muy versado e intelectual periodista escucha con asombro y mira con admiración al rostro iluminado de Billy Graham que con candidez ingenua le explica por qué para él pensar en la muerte no alberga ninguna amenaza: al contrario, todos los días se prepara para llegar a la presencia de su Señor y verle cara a cara.

Larry King publicó estas entrevistas bajo el título “Un tributo a Billy Graham”

El ateo King no se convence en que tal esperanza tenga un fundamento real y verdadero; sin embargo, como persona imparcial rinde homenaje a la sinceridad con la que el hombre enfrente transmite su convicción y termina diciendo: “Le envidio por su fe”.

Hoy ha llegado el día en el que el predicador y evangelista Rvdo. Dr. Billy Graham pudo cobrar la ganancia de su vida.

 

 

 

 

Las misiones en el Tercer Milenio (2)

Las misiones en el Tercer Milenio (2)

Crónica de un fracaso anunciado

¿Por qué es tan difícil lograr que el creyente normal se involucre en las misiones de la Iglesia de forma significativa? ¿Por qué hay tan pocos creyentes que demuestren un interés por la obra misionera que sobrepasa la curiosidad normal? ¿Cómo aprenderemos a alzar los ojos y dirigir la mirada hacia los campos blancos donde desde siglos se están perdiendo las cosechas?

Las tendencias del desarrollo humano -crecimiento de la población, problemas energéticos/ambientales/alimenticias y la consecuente migración, son desfavorables a la extensión del Evangelio. Los historiadores de siglos futuros registrarán este fenómeno como Crónica de un fracaso anunciado al hablar de la generación de creyentes que vivía 2000 años después del Pentecostés y que presenció con brazos cruzados el retroceso del Evangelio entre los pueblos del mundo.

Dios puede hacer grandes cosas… si hacemos grandes cosas para Él

Hay dos mapas conceptuales que pueden ayudarnos a forzar un cambio de rumbo:

  • La plataforma misionera. Impulsado por pastores y maestros misioneros, la congregación -representada por una mayoría importante de sus miembros- asume su responsabilidad de hacer misiones, convirtiéndose cada uno en misionero que envía por medio de su constancia en oración y aportes financieros. Sobre esta plataforma congregacional se empoderan los misioneros que son enviados, incluyendo a los misioneros nativos que con frecuencia son la mejor opción para el progreso de la obra.
  • El cristiano mundial. Independiente de la clase de involucramiento -enviar o ir-, el creyente individual está llamado a comprender su razón de ser: extender la gloria de Dios sobre la humanidad, hacer que Su Reino se manifieste en la tierra y que todo hombre o mujer en el mundo lo adore (Mt 6:9). Al que esté tan fascinado con esta perspectiva que se dispone a sacrificarse a ella – tiempo, esfuerzo, bienes, vida- se puede describir como cristiano mundial.

Tal vez ningún aspecto de la historia eclesiástica muestra la abundante generosidad con la que Dios contesta a la acción de fe de su pueblo, como lo que podemos observar en las misiones mundiales. Si el terreno perdido es enorme, si el alcance de la tarea parece humanamente imposible, ¡la gracia del Señor es siempre superior! La lección histórica a la Iglesia es que Dios no se mueve donde nosotros no nos movemos, pero si lo hacemos, Él nos arrastra por la magnitud de Su respuesta!

Alza tus ojos y mira, la cosecha está lista

Todos los ministerios tienen que laborar a favor del desarrollo de esta conciencia en el creyente. En el estado actual de adormecimiento y pérdida de enfoque de la iglesia occidental, será necesario

  • provocar un cambio de mentalidad,
  • la creación de patrones nuevos -o más bien radicales, es decir, desde el tiempo de las raíces- de interpretación bíblica y del tema homilético;
  • y la reeducación en cuanto a los objetivos del creyente y la identidad del discípulo.

Comencemos a familiarizarnos con la idea que el mundo nos espera con ansiedad, aún cuando todavía no lo sabe, pero ante todo que el Padre con brazos abiertos seguirá esperando al regreso de todos sus hijos a casa. Si esta espera dura otro milenio más, en nuestras manos está.

Continuará…

Las misiones en el Tercer Milenio (1)

Las misiones en el Tercer Milenio (1)

La Iglesia de Cristo es misionera, o…

Al seguir el curso que el Evangelio ha tomado hasta llegar a nosotros, la historia de cada creyente y de cada iglesia local encuentran su punto de partida en las misiones. En algún momento del pasado, nuestro origen como iglesia cristiana se deduce de la predicación del Evangelio de parte de creyentes venidos de algún lugar distante, o de parte de personas entre nosotros que escucharon el mensaje predicado cuando se encontraron lejos de su residencia habitual.

Sería absurdo y contrario al propósito del Señor que nos confió su Gran Comisión, pensar que la obra misionera de Dios se detuviera por haber alcanzado a nosotros. Más bien, la constitución como pueblo de Dios nos instituye como agentes de Sus propósito y nos determina a expandir esta obra, extenderla donde las buenas nuevas del Evangelio aún son desconocidos. Una condición para dar este paso es hacer de las Misiones un tema central dentro de la comunidad cristiana, con el fin de responder al deseo más profundo de Dios mismo.

El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan.(2P 3:9)

Una historia de enfoques erróneas

El concepto de misiones dentro del marco de las iglesias cristianas ha sido tradicionalmente pobre y reducido. Entre las múltiples razones se encuentran

  • el centralismo transcultural de la Iglesia Católico-Romana, que desde su origen identificó las misiones con la afiliación a la Santa Madre en Roma y no estaba interesada en el crecimiento de fuertes iglesias locales, autónomas y autóctonas;
  • la concentración determinada de las iglesias protestantes en combatir todo lo «católico» sin mirar más allá de los confines del mundo cristiano
  • doctrinas que declararon al status quo del mundo como producto de la soberanía divina – «si el Señor quisiera salvar a los paganos, lo haría sin nuestra ayuda»: predestinación doble, fundamentalismo, y otras;
  • el expansionismo transcultural de las misiones protestantes occidentales, que confundieron el proceso de cristianización con la implementación de la civilización occidental.
  • Finalmente, la indiferencia pronunciada de la iglesia contemporánea evangélica «posmoderna» frente a todo lo que no concierne su propio bienestar y prosperidad.

El efecto de estas actitudes: un abismo cada vez mayor entre lo alcanzado y lo que falta por alcanzar.

La gran ausente en las misiones: la Iglesia

Paradójicamente, la omisión de la iglesia cristiana en alinearse a los propósitos del Señor, queda demostrada por la historia de los misioneros pioneros y la existencia de las organizaciones paraeclesiásticas, conocidas como agencias misioneras. Desde Patricio en Irlanda (siglo V d.C.) hasta Albert Schweitzer en Gabón (siglo XX), los misioneros siguieron a su llamado personal, sin ayuda de parte de la iglesia o incluso teniendo que superar la resistencia de ella. En tiempos modernos, estos pioneros dieron origen a empresas legendarias: las Misiones Jesuitas de acuerdo al modelo de Francisco de Javier, la Misión al Interior de África, siguiendo a los pasos de Livingstone, la Misión al Interior de China, fundada por Hudson Taylor, y muchas otras. Ante este telón, más resalta la ausencia de la iglesia en sí.

A pesar de la Gran Comisión, el movimiento misionero nunca ha sido un movimiento masivo.

El déficit en la misiones, acumulado a lo largo de siglos por una Iglesia que mantiene la vista clavada en sus propias necesidades antes que en los propósitos del Señor, sólo se recupera colocando nuevos odres, nuevos paradigmas, en las mentes de los millones que llenan los templos pero que aún no han descubierto la transcendencia de la existencia cristiana.

¿Cuál es la perspectiva actual de las Misiones globales?

Continuará…

El Milenio de la Iglesia (2)

El Milenio de la Iglesia (2)

¿Qué define la Iglesia?

A lo largo de esta historia bimilenaria la Ekklesía ha sobrevivido un número no pequeño de altibajos y laceraciones, mayormente auto infligidas.  La pregunta es si en todo este proceso ha logrado conservar su identidad. Pero esto nos exige preguntarnos sobre las características que definen la Iglesia.

En la tradición de la Iglesia Católico-Romana, se percibe a sí misma
dotada de infalibilidad y jurisdicción sobre el mundo. Por naturaleza la Iglesia es una, santa, católica y apostólica, por le que le fue dado una función: es el medio necesario para la salvación. La pertenencia a la Iglesia es un paso anterior a la salvación, resumido en la declaración Extra Ecclesiam nulla salus. Esta intermediación entre Dios y la humanidad se ejerce a través de los instrumentos de la gracia que se encuentran en su poder exclusivo. Lo que define a la Iglesia son los sacramentos.

A Calvino se adscribe declarar que “…la Iglesia se ha de descubrir donde la palabra de Dios es predicada en su pureza, y los sacramentos administrados según las instrucciones de Cristo”. Esto limita la definición de la Iglesia a ser instrumento doctrinal y sacramental, y deja a un lado otras notas esenciales de la Iglesia como la misión evangelizadora, la ética práctica y social, y otras más.  En este sistema, lo que define la Iglesia es su ortodoxia.

No olvidemos el concepto eclesial que comparten las comunidades de la herencia radical para las cuales la Iglesia es la asamblea de los que han aceptado la salvación por fe en Jesucristo. Es la nueva comunidad de discípulos, un cuerpo con muchos miembros, dispuesto de tal forma que, mediante un único Espíritu realizan el trabajo que Dios les ha encomendado: participar en la realización de la paz y de la justicia que Dios ha prometido. La Iglesia es la reunion de los seguidores de Cristo y lo que la define es la ortopraxia.

Miremos también a las corrientes pentecostales, nacidas más recientemente. Sería una exageración argumentar que tiene una eclesiología. En sus agrupaciones más puros se considera a la Iglesia como el espacio donde el Espíritu Santo reparte dones, en los más pragmáticos, es el lugar donde el creyente individual encuentra la llave a una vida de bendiciones.

En cierta medida hay algunas verdades en cada una de las concepciones y, probablemente, un grupo de textos bíblicos importantes para respaldarlas. Hecho es, que la realidad historica no corresponde a las pretensiones teológicas.

La Iglesia jamás ha vivido hasta la altura de las expectativas de su origen, su identidad, y su propósito; a menos no como un todo, ni siquiera en su mayoría, sino -apenas- en ‘remanentes’.

Si es así, entonces hay que sonar la alarma o renunciar a esperar a volver a ver a Cristo algún día. Porque o el Evangelio no es el poder transformador que estamos convencidos que es -en cual caso fuéramos ilusos y en vano nuestra fe-, o la triste verdad es que todavía no hemos descubierto quiénes somos cuando decimos que somos la Iglesia de Cristo.

A través de la observación del Nuevo Testamento me inclino a decir: la Iglesia se define por la cualidad de sus relaciones.

Las relaciones de la Iglesia

  1. El componente terrenal de la Iglesia es la comunidad de los santos. Sin embargo, esta no tiene existencia propia sin mantener una relación ininterrumpida, sin estorbos, cálida y sumisa con su cabeza, el Señor Jesucristo. La Iglesia no tiene vida en sí misma; depende del Señor en todo. Así que la calidad de esta relación es prioritaria en la definición de la Iglesia.
  2. No obstante, ¿cómo podrá estar funcionando la comunión entre Iglesia terrenal y Su Señor, sin que esta comunidad de los santos sea un organismo vivo, caracterizado por relaciones entre sus miembros que reflejan con fidelidad la alta calidad de au comunión con el Señor. La Iglesia tiene que convivir entre sí como convive con Dios.
  3. Porque sólo entonces también podrá funcionar la tercera clase de relaciones, las entre Iglesia y el mundo. Hoy en día ya no es suficiente hablar del entorno inmediato, es literalmente el mundo en escala global. Pero, lo mismo que antes, sí el mundo no logra percibir lo extraordinario de la Iglesia -demostrada por su convivencia y fidelidad al Señor Jesucristo- ,  la relación pierde la cualidad evangelística, aquella por la cual el Señor insistió de dejarnos en medio del mundo sin ser como el mundo. Está un juego lo más importante: la razón de ser.

Hará falta un vistazo a la historia para analizar de qué manera la Iglesia ha vivido esas tres clases de relaciones a lo largo de los siglos, cuáles han sido los efectos y qué podemos, pues, aprender de ello.

Continuará…

El Milenio de la Iglesia (1)

El Milenio de la Iglesia (1)

La doctrina que hace falta

Para muchos creyentes, la renovación doctrinal de la Reforma, era lo ultimo que faltaba para dar expresión definitiva a la enseñanza de la Iglesia.

Pero, al sólo pensar un poco, nos damos cuenta que, por supuesto, no es así. El Pentecostalismo, por ejemplo, aunque presente de forma intrínseca siempre, no encontró manifestación doctrinal explícita sino a finales del siglo XX. Lo mismo se puede decir de la Misiología, cuyo reconocimiento como rama de la teología sistemática no empezó antes del ultimo siglo y sólo en el presente está adquiriendo matices definidas. Y capítulos enteros de la antropología bíblica tienen que escribirse de nuevo sobre todo lo que tiene que ver con la identidad y el papel de la mujer, por ende, con el ser humano mismo. Esto, por su parte, tiene como consecuencia un concepto renovado sobre la participación femenina en el gobierno y las funciones eclesiales.

En un examen del pensamiento cristiano y de su impacto a la vida y el ministerio de la Iglesia, se cristalizan dos focos principales cuyo desarrollo ha abarcado largos siglos, mucha controversia, y chorros de sangre.

El milenio de la Cristología

Si alguna inquietud doctrinal obsesionó a la Iglesia del primer milenio, era antes que nada la identidad de su fundador y cabeza. La pregunta sobre quién era Jesús de Nazaret, cuál era su persona y su naturaleza, provocó tal pluralidad de respuestas, semejantes discusiones y disputas, que, por primera vez, la unidad de la Iglesia se vio en peligro.

Causó los primeros muertos inflingidos por la iglesia dentro de sí misma. Causó el primer cisma en lo que hasta entonces había sido una sóla entidad.  Causó también los primeros intentos de conciliación, las primeras formulaciones confesionales de la doctrina, los credos. Y fue un Credo el que, a pesar de otras controversias estruendas, dio la definición última a la cristiandad por siglos venideros.

Incluso la liberación de la dogmática por los teólogos liberales del siglo XIX no prevaleció por mucho tiempo, habiendo sido destituido por una nueva ortodoxia, tanto liberadora como afirmadora de lo que desde Calcedonia 451 es la confesión común de los creyentes cristianos:

“Jesucristo es una persona divina con naturaleza divina y naturaleza humana.”

Trágicamente, haber extraído de las Escrituras una mayor comprensión de la persona de Dios (entendiendo que sin comprender la persona de Jesucristo no hay comprensión de la Trinidad), no se manifestó en perfilar la identidad cristiana y nuestro papel como agente de Dios en el mundo.

El milenio de la Soteriología

La duda sobre la forma en la que la Iglesia administraba el bienestar de las almas, surgió mucho antes de la venta de indulgencies, que se consituyó sólo en la chispa que hizo estallar el polvorín acumulado por los siglos. En el centro del cuestionamiento se encontraba el monopolio que la Iglesia reclamó sobre los instrumentos de santificación, los sacramentos, entre ellos el más importante, la absolución del pecado, otorgada en la confesión. Era un reclamo eclesial basado en lo histórico, no en lo bíblico.

Repetidos movimientos, posteriormente llamados prerrefomartorios, se mostraron críticos y dispuestos a abolir este prerrogativo de la Iglesia. Junto con el gran número de auténticos herejías, fueron combatidos y erradicados sin conmiseración.

Hasta que… la historia de la Reforma hace claro que tenía éxito donde los demás habían sucumbido, ante todo por dos motivos:

  • La superioridad de su manifestación teológica que, por medio de la recién introducida imprenta, fue divulgada con rapidez y gran impacto.
  • Su conveniencia política dentro del ambiente europeo del siglo XVI que le valió el apoyo de una clase dominante.

De ahí que, incluso antes de que Lutero apareció en la Dieta de Worms para afirmar su interpretation no autorizada de las Escrituras, hasta los niños en muchas regions del Sacro Imperio Aleman sabían repetir la verdad central de la Reforma:

“El justificado por la fe, vivirá.”

Sin embargo, el saber sobre cómo el hombre llega a salvación, sólo de forma limitada contribuyó a la formación de la nueva humanidad. A muchos, los hace soberbios por saberse ‘elegidos’. Como el primer pueblo de Dios se sienten privilegiados frente a los que no han sido destinados a salvación. A otros, les hace cómodos: ya que somos salvados por fe y no por obras, creer era lo importante, no la acción. Últimamente, creer ya no significa creer en el Jesucristo divino, el que se hizo hombre para que pudiéramos imitar su perfección; numerosos ‘líderes espirituales’ enseñan que creer significa creer que Dios nos ayuda a alcanzar aspiraciones personales.

Poco de esto hace avanzar al propósito de Dios: volver toda la creación a su gobierno, o, como también se expresa: “Unir todas las cosas en Cristo”.

El milenio de la Eclesiología

Sí, está dicho. La doctrina que hace falta, que ha sido tergiversada por el catolicismo romano, y que sólo rudimentariamente tiene espacio en la teología sistemática evangélica; la doctrina  que, por ende, se ejerce en la teología práctica a manera de la conveniencia humana, no según la interpretación de las Escrituras, es la doctrina de la Iglesia.

Sólo en la Iglesia verdadera el  verdaderamente salvado puede encontrarse con el Salvador verdadero.

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Raíces de la división

Raíces de la división

La Caja de Pandora

En la mitología griega los dioses temen que los humanos se pudieran tornar demasiado poderosos. Así que creen la figura de una bella mujer con nombre Pandora -‘la que regala todo’- que se acerca a los hombres, aparentemente para traerles un regalo, encerrado en una caja. Al abrirla, una serie de males escapa de la caja, afectando y casi destruyendo a la humanidad. La única dádiva buena, la esperanza, se encuentra en el fondo, pero antes de que pudiera salir, Pandora cierra la caja y desvanece.

Cerca de 40,000 denominaciones cristianas existen en el mundo actual

Algo muy parecido se puede observar analizando a la Reforma. El empaque era maravillosa y prometedor: SOLA SCRIPTURA, pero al abrir la caja, es decir, al predicar el acceso universal a la Biblia, inmediatamente comenzaron a salir los males, casi de forma inevitable.

Sería un trabajo hercúleo enumerar a todas las variantes o “corrientes” del cristianismo que brotaron de la Reforma, incluso antes de que esta fuera siquiera identificada como tal. Pero se puede intentar a clasificar las causas que condujeron a esta división sin límites que hoy en día ha creado denominaciones no-católicas que se distancian entre sí tanto como de la Iglesia de Roma.

Raíces de la división

¿Por cuáles causas se forman divisiones? Los 500 años transcurridos desde la Reforma proveen amplio espacio de observación para detectar que son tres los motivos dominantes que causan el éxodo de grupos, inicialmente sectarios, pero que puedan terminar como “iglesia”, separada de la “Iglesia”.

La corrección doctrinal

Es un motivo honorable. Podemos aplicar lo que se dice de Lutero: no apuntaba a dividir la Iglesia; sólo la quiso volver a conducir a la enseñanza y práctica de sus raíces neotestamentarias. El dilema entre santidad y unión es supremamente difícil de resolver y el precio que exige es enorme. El que no esté de acuerdo con “su” iglesia, debería primeramente buscar agotar todos los caminos internos, antes de pensar siquiera en causar divisiones. Pero ante todo es deber y responsabilidad de la Iglesia de Cristo tener el oído abierto ante los reclamos sustentados de los que actúan con buena voluntad de presentarla a Cristo como esposa radiante. Una jerarquía eclesiástica que se reserva el derecho de determinar la sana doctrina y se considera dueño de la iglesia, sin disposición de revisar periódicamente si todavía se encuentra en el sendero del Espíritu, y que, por lo tanto, manda callar o amenaza con expulsión a toda divergencia sin estudiar atentamente sus argumentos… una clase jerárquica tal no actúa diferente a un León X. Son ellos, los que causan la división, no aquellos que se adhieran a los Cinco Solas.

La arrogancia intelectual

El motivo anterior no ha sido muy frecuente, ya que necesita más que la convicción de que algo anda mal. Es precis0 la erudición teológica de definir y formular la nueva doctrina, una erudición que distinguía en su tiempo a Lutero, Melanchthon y Calvino, como posterior a Barth y Bonhoeffer. Un número considerable de divisiones más bien nace de quienes se sientan con derecho de desechar el estudio y el duro trabajo de la metodología  teológica que pueda ser revisada y replicada por sus pares, arrogantemente insistiendo en una “revelación personal” recibida directamente del cielo, o por un ángel, o de alguna otra manera, pero en esencia reservada a su persona y, por lo tanto, subjetiva e irrepetible. Lo trágico es que a los ojos de un público no instruido en los fundamentos de su propia fe, esas enseñanzas resultan frecuentemente muy atractivas y se difunden con rapidez. En el tiempo presente el problema se ha agravado por la proliferación de los llamados redes sociales virtuales que propagan contenidos y tendencias de forma indiscriminada

La ambición personal

Se dice que Julio César, al verse exiliado a una aldea diminuta de la meseta aislada en el centro de Iberia, como castigo a su subordinación y rebelión, se pronunció de la siguiente manera: “Mejor ser el primero aquí, que el segundo en Roma.” Desde el Gran Cisma de 1054 entre las iglesias de Roma y de Constantinopla, hasta el líder de segundo nivel que abandona la comunidad cristiana donde creció para “abrir su propia iglesia”, más divisiones han tenido lugar para satisfacer la ambición personal o justificar la incapacidad de subordinarse, que por cualquier otro motivo. De las tres grandes puertas del Hades que se abren delante de la Iglesia -dinero, sexo y poder-, el poder ha resultado ser el más tentador, también para el creyente individual.

Las consecuencias de la división

Antes de Lutero, ser exomunicado era el arma más efectiva en toda la cristiandad. Ejércitos imperiales eran impotentes frente a ella y los gobernantes más poderosos de su tiempo se vieron obligados a doblar rodillas ante la facultad que el Señor ha entregado a Su Iglesia: usar las llaves del Reino para atar y desatar a las conciencas humanas.

Aquí en nada tiene que ver el abuso que rápidamente se institucionalizó para permitir que una iglesia interesada en el gobierno terrenal ejerciera dominio. El hecho es que la excomunión que hizo temblar a emperadores por razones políticos, al creyente común que en su ignorancia aplaudía a las enseñanzas de un predicador ambulante declarado hereje, se le presentaba como condenación al fuego eterno.

Dentro el ambiente evangélico actual, ser expulsado de la comunidad de los santos, no provoca ni un encoger de hombros a la persona que -por motive honorable o no- pierde la membresía. En primera instancia, porque se siente bien conectada con Dios y no tiene necesidad de la iglesia; en segundo lugar, porque saliendo por una puerta entra por otra enfrente, donde es recibida con júbilo como nuevo miembro o hasta se aventura a “abrir su propia iglesia”.

Las consecuencias de la división son más que serias:

  • Pérdida de la identidad común
    • Rivalidades y conflictos que son un espectáculo para los observadores seculares y dejan a descubierto la ausencia de Cristo en los que asumen ser sus seguidores
  • Pérdida de la visión común
    • Enseñanzas divergentes que confunden y desaniman a los que buscan acercarse al Señor, mientras dan evidencia de la poca seridad con la que en muchos sectores cristianos se trata al mensaje evangélico.
  • Pérdida de la voz común
    • La ausencia de una representación autorizada se convierte en una debilidad a la hora de obtener voz y voto en asuntos de la sociedad secular.
  • Pérdida de la misión común
    • La tarea inconclusa de la Gran Comisión exige un esfuerzo y recursos que solo pueden armarse en una cooperación transversal entre todos los sectores de la Iglesia. La division reduce el potencial misionero y alarga el tiempo de espera del regreso de Cristo.

La existencia actual de unos 45,000 diferentes denominaciones -cada una con sus respectivas iglesias que muchas veces representan disunion y rivalidades entre sí, nos muestra una Iglesia tan arrugada que el Señor difícilmente podría reconocerla.

La unidad evangélica: poca esperanza

Actualmente, una solución al problema de la unidad destruida no está a la vista. Iglesia Católico-Romana y Iglesia Luterana han logrado mantener un marco intacto, dentro del cual, sin embargo, se entablan fuertes divergencias en cuanto a la interpretación de asuntos del mundo moderno. Mientras es posible que antes de 2050 Roma llegue a la abolición del celibato, hay muy poca probabilidad que se abren las puertas al ministerio ordenado de mujeres. En todo caso, la iglesia católica perderá uno u otro sector marginal, o porque progresa, o porque no lo hace.

¿Y los evangélicos? Mientras parece que para algunos el término ‘ecumenismo’ ya no causa el mismo pavor y rechazo que antes, los asuntos de moral social dividen al pueblo en forma progresiva.

En realidad, lo que cree y profesa el creyente individual, continua  dependiendo ante todo de la circunstancia casual en qué lugar y por quiénes ha sido evangelizado. ¿Hasta cuándo, Señor?