Categoría: Misiones

La Iglesia enviada por Dios

La Iglesia enviada por Dios

Missio Dei

Se trata de un término en latín usado en la teología cristiana, especialmente en la Teología Propia y la Misiología, que se puede traducir como la misión de Dios o el envío de Dios. Abarca toda la acción evangelizadora de la Iglesia, dirigida a la sociedad y cultura local como también en el ámbito intercultural global, pero desde el punto de vista de la teología propia trinitaria.

El impacto directo de Missio Dei

Lejos de permanecer una mera expresión teológica, recluida en la torre de marfil de los eruditos, se debe ante todo a la interpretación propagada por el ministro y teólogo inglés John Stott, anglicano. Como Padre intelectual de Lausana 1974 (vea también en Billy Graham), su visión de la Iglesia como agente de cambio llamado y enviado por Dios, y su concepto de la Biblia donde la misión de Dios recorre el texto desde Génesis hasta Apocalipsis como eje central, raras veces usó el término en sí, pero fundamentó su teología sobre él. Los capítulos sobre el Dios misionero y la Misión holística de la Iglesia en su obra El cristiano contemporáneo, no serían posibles sino sobre la base de una bien entendida Missio Dei, en la cual la glorificación del Señor es Alfa y O mega del discurso.

Posteriormente, otro nombre conocido y autor prolífico, el pastor bautista y predicador reformado John Piper, también usó un lenguaje similar en sus conferencias, exhortando a la misión mundial con la Iglesia como herramienta en mano de Dios para obtener la adoración global, y, por ende, la restauración del gobierno de facto sobre la creación. El libro ¡Alégrense las naciones! sobre la supremacía de Dios en las misiones, deja esto bien claro.

Missio Dei, un resultado de la era poscolonial, en las últimas décadas se ha convertido en un concepto clave de la misiología contemporánea y es universalmente usado por los teólogos como David Bosch, Lesslie Newbigin, Darrell Guder, Alan Roxburgh,  Alan Hirsch, Tim Keller,  Ed Stetzer, y otros más, así como por las redes misionales como Gospel and Culture Network (Guder), Forge Mission Training Network Australia (Hirsch), Together in Mission UK, and the Allelon Foundation (Roxburgh).

El desarrollo de un concepto

La historia transmitida relata que, en 1934, Karl Hartenstein, un misiólogo alemán, acuñó la frase en respuesta a Karl Barth[1]. Este lenguaje, se argumenta, fue recogido en la conferencia de Willingen en 1952, por  el Concilio Misionero  Internacional (IMC) y desarrollado teológicamente por el teólogo luterano Georg Vicedom[2]. En un relato más reciente de John Flett[3] se sostiene que, mientras Hartenstein  efectivamente introdujo el término actual missio Dei,[4]  no ubicó esa misión en la doctrina de la Trinidad. Esta referencia a la Trinidad apareció el “American Report”, un documento de estudio preparado para la conferencia de Willingen en 1952, bajo la dirección de Paul Lehmann y H. Richard Niebuhr [5] Este documento sugirió un vínculo entre los movimientos revolucionarios en la historia y la “Misión de Dios”.  Muchos de los problemas posteriores que encontró missio Dei se derivan de estos orígenes, y en especial en la falla de fundamentar el concepto en un contexto robusto con la Trinidad.

Esas preocupaciones conocidas con missio Dei también significaron que el concepto pasó por un hiato hasta que le fue dado una descripción concisa por David Bosch. Según David J. Bosch, “misión no es en primer lugar una actividad de la Iglesia, sino un atributo de Dios. Dios es un dios misionero”.[6] Jürgen Moltmann dice, “no es la Iglesia la que tiene una misión de salvación a cumplir en el mundo, es la misión del Hijo y del Espíritu a través del Padre que incluye a la Iglesia”. [7] Conforme a una opinión:

Durante cerca la última mitad del siglo hubo un traslado sutil, pero sin embargo decisivo, hacia la comprensión de la misión como la misión de Dios. Durante los siglos anteriores, misión se entendió en una variedad de maneras. A veces fue interpretado primariamente en términos soteriológicos: como salvando a individuos de la condenación eterna. O fue entendido en términos culturales: como introducción de pueblos del Oriente y Sur en las bendiciones y privilegios del Occidente cristiano. Frecuentemente se percibió en categorías eclesiales: como la expansión de la Iglesia (o de una denominación específica). A veces se definió como salvación históricamente: como el proceso por el cual el mundo -de forma evolucionaria o por medio de un evento cataclísmico- sería transformado en el Reino de Dios. En todas esas instancias, y por diferentes caminos, frecuentemente contradictorios entre sí, la interrelación intrínseca entre cristología, soteriología, y la doctrina de la Trinidad, tan importante para la iglesia primitiva, fue gradualmente desplazado por una o varias versiones de la doctrina de la gracia… Misión, se entendía, se derivaba de la mismísima naturaleza de Dios. Fue así que fue puesto en el contexto de la doctrina de la Trinidad, no de eclesiología o soteriología. La doctrina clásica de la missio Dei como Dios Padre enviando al Hijo, y Dios Padre e Hijo enviando al Espíritu, se expandió para incluir todavía un ‘movimiento’ más: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo enviando a la Iglesia al mundo. En cuanto a lo que concierne el pensamiento misionero, este vinculación con la doctrina de la Trinidad constituía una innovación importante…

Nuestra misión no tiene vida en sí misma; sólo en manos del Dios que envía puede llamarse verdaderamente misión. No, a menos que la iniciativa misionera venga de Dios solo…

Misión se ve, por ende, como un movimiento de Dios hacia el mundo; la Iglesia es visto como un instrumento para esa misión. Hay Iglesia porque hay una misión, no al revés. Participar en la misión es participar en el movimiento del amor de Dios hacia la gente, ya que Dios es una fuente de enviar amor.[8]

Hablando en nombre de The Gospel and Our Culture Network [Red El Evangelio y Nuestra Cultura], Darrell Guder escribe,

“hemos llegado a ver que la misión no es meramente una actividad de la Iglesia. Más bien, misión es el resultado de la iniciativa de Dios, arraigada en los propósitos de Dios de restaurar y sanar la creación. ‘Misión’ significa ‘envío’, y es el tema bíblico central que describe el propósito de la acción de Dios en la historia humana… Hemos comenzado a aprender que el mensaje bíblico es más radical, más inclusivo, más transformador que le permitimos ser; en particular, hemos comenzado a ver que la Iglesia de Jesucristo no es la razón de ser o la meta final del Evangelio, sino más bien su instrumento y testigo… La misión de Dios está llamándonos y enviándonos al mundo, nosotros, la Iglesia de Jesucristo, para ser una iglesia misionera en nuestras propias sociedades, en las culturas en las que nos encontramos.[9]

Alan Hirsch cree que la palabra misional “va al corazón de la naturaleza misma y del propósito de la Iglesia en sí”. Continúa:

Así que una efectiva definición de la iglesia misional es la comunidad del pueblo de Dios que se define a sí mismo, y organiza su vida alrededor su propósito real de ser un agente de la misión de Dios al mundo. En otras palabras, el principio organizador verdadero y auténtico de la Iglesia es la misión. Cuando la Iglesia está en su misión, entonces es la Iglesia verdadera. La Iglesia misma no es solo un producto de esa misión, sino es obligada y destinada a extenderla por todos los medios posibles. La misión de Dios fluye directamente a través de cada creyente y cada comunidad de fe que sigue a Jesús. Obstruir esto, es igual a bloquear a los propósitos de Dios en y a través del pueblo de Dios.”[i10]

Peters declara que la Biblia reclama que “el resultado final de tal missio Dei es la glorificación del Padre, Hijo y Espíritu Santo”. [11]

 

Fuente bibliográfica:

https://en.wikipedia.org/w/index.php?title=Missio_Dei&oldid=821460016

[1] Engelsviken, Tormod. “Missio Dei: The Understanding and Misunderstanding of a Thlogical Concept in European Churches and Missiology”, International Review of Mission 92, no. 4 (2003): 481-97.
[2] Vicedom, Georg F. Missio Dei: Einführung in eine Theologie der Mission. München: Chr. Kaiser Verlag, 1958;
[3] Flett, John G. The Witness of God: the Trinity, Missio Dei, Karl Barth and the Nature of Christian Communit.y Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2010.
[4] Hartenstein, Karl. “Wozu nötigt die Finanzlage der Mission.” Evangelisches Missions-Magazin 79 (1934): 217-29.
[5] Para una versión anterior, vea Niebuhr, H. Richard. “The Doctrine of the Trinity and the Unity of the Church.” Theology Today 3, no. 3 (1946): 371-84. Para el texto que informó al American report, vea Niebuhr, H. Richard. “An Attempt at a Theological Analysis of Missionary Motivation.” Occasional Bulletin of Missionary Research 14, no. 1 (1963): 1-6.
[6] Bosch, David J., Transforming Mission, Maryknoll: Orbis Books, 1991, 389–390.
[7] Moltmann, Jürgen. The Church in the Power of the Spirit: A Contribution to Messianic Ecclesiology, London: SCM Press, 1977, 64
[8] Bosch, David J. Transforming Mission, Maryknoll: Orbis Books, 1991, 389–390.
[9] Guder, Darrell L. (editor), Missional Church: A Vision for the Sending of the Church in North America, Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing, 1998, 4-5.
[10] Alan Hirsch, The Forgotten Ways, Grand Rapids, MI: Brazos Press, 2006, 82
[11] George W. Peters, A Biblical Theology of Missions, Chicago: Moody Press, 1972, 9.
Las misiones en el Tercer Milenio (4)

Las misiones en el Tercer Milenio (4)

Cambio de patrones mentales

Circunstancias diferentes exigen procedimientos diferentes. Para las misiones cristianas entre pueblos no alcanzados, esto no sólo significa adoptar al enfoque intercultural, no sólo significa trabajar bajo la perspectiva del misionero nativo; el hecho que 80% de la población no alcanzada no goza del pleno desarrollo de su bienestar social y material, o incluso habita zonas privadas por completo de este bienestar, conduce necesariamente hacia una fuerte orientación social en la evangelización.

Ya en 1974, en el documento elaborado durante el Primer Congreso para la Evangelización Mundial, conocido como Pacto de Lausana, los líderes mundiales de la Iglesia contemporánea habían destacado el carácter social universal que debe tener la propagación del Reino. En 2010, el Tercer Congreso renovó y enfatizó en este compromiso, expresando nuevamente que la salvación espiritual eterna del hombre se manifiesta delante del necesitado en forma de atención integral. En caso contrario es difícil hacerle entender por qué el Dios que le ama tanto para llevarlo consigo en una vida posterior, se muestre tan indiferente con lo que le toca vivir en el presente.

Pan integral

Jesús es el pan de vida y la da en abundancia. Por el uso del griego zoé que en las Escrituras se usa para expresar «lo más excelso mejor que los santos poseen en Dios» se relaciona claramente con la vida espiritual. Al otro lado, el pan que debemos pedirle al buen Padre, es alimento para mantener al cuerpo físico en condición de seguir en el bios, un término que no sólo significa existencia sino hasta los medios para sustentarla.

Asombrosamente, muchos creyentes dudan a la hora de aportar a la obra social -sea local o misionera- porque parecen temer que el recibo gratuito de recursos convierta a los receptores en holgazanes o les induzca al despilfarro.

Es muy posible que entre los que hemos recibido la gracia haya quienes la desperdicien o descansen en saberse a salvo sin sentirse llamado a servir. ¡Gracias a Dios que esto no le impedió manifestar su generosidad!

La posibilidad del abuso no puede poner límites a la generosidad, pero sí debe conducir a organizaciones y programas cuidadosamente planeadas para obtener el mayor resultado de los recursos.

Saber que el hombre no sólo vive del pan no nos excusa cuando se trata de alimentarlo, más bien, nos debe incentivar a acompañar al Pan de vida con el pan de todos los días. La Iglesia de Cristo es la única poseedora de este Pan integral!Repartámoslo con manos llenas y en mayores cantidades allá donde los hambrientos no tienen ni de lo uno ni de lo otro!

Continuará…

Las misiones en el Tercer Milenio (3)

Las misiones en el Tercer Milenio (3)

Una historia de enfoques erróneas

El concepto de misiones dentro del marco de las iglesias cristianas ha sido tradicionalmente pobre y reducido. Entre las múltiples razones se encuentran

  • el centralismo de la Iglesia Católico-Romana, que desde su origen identificó las misiones con la afiliación a la Santa Madre en Roma y no estaba interesada en el crecimiento de fuertes iglesias locales, autónomas y autóctonas.
  • la concentración determinada de las iglesias protestantes en combatir todo lo «católico» sin mirar más allá de los confines del mundo cristiano
  • doctrinas aparentemente bíblicas que declararon al status quo del mundo como producto de la soberanía divina – «si el Señor quisiera salvar a los paganos, lo hará sin nuestra ayuda»: predestinación doble, fundamentalismo, y otras
  • el paternalismo de las misiones occidentales, confundiendo el proceso de cristianizar con la implementación de la civilización occidental
  • Finalmente, la indiferencia pronunciada de la iglesia contemporánea evangélica «posmoderna» frente a todo lo que no concierne su propio bienestar y prosperidad.

El efecto de estas actitudes: un abismo cada vez mayor entre lo alcanzado y lo que falta por alcanzar.

La gran ausente en las misiones: la Iglesia

Paradójicamente, la omisión de la iglesia cristiana en alinearse a los propósitos del Señor, queda demostrada por la historia de los misioneros pioneros y la existencia de las organizaciones paraeclesiásticas, conocidas como agencias misioneras. Desde Patricio en Irlanda (siglo V d.C.) hasta Albert Schweitzer en Gabón (siglo XX), los misioneros siguieron a su llamado personal -vea la historia de José Satirio Dos Santos-, sin ayuda de parte de la Iglesia o incluso teniendo que superar la resistencia de ella. En tiempos modernos, estos pioneros dieron origen a empresas legendarias: las Misiones Jesuitas de acuerdo al modelo de Francisco de Javier, la Misión al Interior de África, siguiendo a los pasos de Livingstone, la Misión al Interior de China, fundada por Hudson Taylor, y muchas otras. Ante este telón, más resalta la ausencia de la iglesia en sí. A pesar de la Gran Comisión, el movimiento misionero nunca ha sido un movimiento masivo.

Cambio de paradigmas: la iglesia local como plataforma de las misiones

El número de creyentes dispuestos a trazar su proyecto de vida alrededor de la extensión del Evangelio es ínfimo y totalmente insuficiente frente a una necesidad y urgencia abrumadora. No obstante, el cambio en el eje de la cristiandad -desde una religion de blancos hacia un campo con dominancia multicolor- abre la puerta a cambios en los paradigmas misioneros, ante todo en cuanto a la identidad de la obra y de los obreros.

Acompañamiento espiritual, la capacitación metodológica y el apoyo financiero masivo para los misioneros nativos, pueden ser el suelo sobre el cual edificar las misiones del Tercer Milenio. Proporcionalmente a la expansión de la plataforma local, la iglesia fortalece el brazo extendido hacia los pueblos no alcanzados por medio de las misiones nativas.

El déficit en la misiones, acumulado a lo largo de siglos por una Iglesia que mantiene la vista clavada en sus propias necesidades antes que en los propósitos del Señor, sólo se recupera colocando nuevos odres, nuevos patrones de pensamiento, en las mentes de los millones que llenan los templos pero que aún no han descubierto la transcendencia de la existencia cristiana.

Continuará…

El día de cobrar la ganancia

El día de cobrar la ganancia

Hoy, 21 de febrero 2018, en las horas de la mañana, murió Billy Graham.

Si vivo, quiero hacerlo para servir a Cristo, pero si muero, salgo ganando.  Fil 1:21 (TLA)

¿De dónde viene este agudo sentido de pérdida que no fallan de experimentar los que hayan observado ciertas facetas de este hombre, William Franklin Graham, nacido el 7 de noviembre 1918 en un rancho de Charlotte, Carolina del Norte?

No perfecto, pero el mejor

Mucho se dirá en su biografía: algunos idealizando sus  logros como predicador más escuchado de la historia, o admirando (envidiando?) su roce con las más altas esferas de la política en escala global; todavía otros -creyentes- criticando la simplicidad de su mensaje; y no pocos que también se llaman cristianos, censurando su negación de proferir  pronunciamientos de condenación en contra o su falta de declarar su apoyo a favor de esta o aquella causa, sea política, social o moral.

No racista en medio del racismo

En los casos en los que lo hizo, para algunos no era suficientemente enfático – a pesar de invitar a Martin Luther King a predicar a su lado en New York, y a veces pagar la fianza del frecuentemente encarelado líder del Movimiento para los Derechos Civiles, Graham no participó en las marchas organizadas, donde hubiera podido hacer mucho bien.

Sin embargo, como todos nosotros merece ser evaluado primeramente dentro de los parámetros de su propio tiempo. Para alguien de afiliación con los Bautista del Sur su posición en contra de la segregación racial era audaz, así como era su protesta en contra del regimen de apartheid en Sudáfrica. un lugar donde se negó a predicar mientras existieran estas condiciones.

No politico en medio de la política

A pesar del muy hablado papel como capellán presidencial y su amistad personal con algunos de los presidentes americanos, la actuación de Billy Graham nunca era partidista. Sentía el llamado pastoral de orar y aconsejar a los que desde la Casa Blanca se ocuparon del bienestar de la nación (y en cierta medida del destino del mundo),  en lo que desde su entendimiento eran los asuntos que más preocupaban a Dios. Pero levantó una fuerte voz de advertencia en contra de la surgiente “mayoría moral”, el intento evangélico de imponer una agenda política de la conservadora derecha y ultra-derecha.

Como se puede observar a lo largo de la historia, la influencia real que ejercen los consejeros espirituales no deja mucho efecto positivo medible: Nixon hizo lo que hizo, a pesar de Billy Graham, y lo mismo se puede decir de Reagan,  Clinton y los dos Bush. Pero el predicador evangélico también trabó amistad con el católico Kennedy y era familiar con senadores y representantes de los dos partidos (se supone que votó por los Demócratas).

No codicioso en medio de un ministerio de codiciosos

El auge de los teleevangelistas llevó a la luz pública también los abusos en los que muchos de ellos incurrieron. Lo que inmortalizó Sinclair Lewis en 1926 en su novela “Elmer Gantry”, la figura del predicador ambulante que detrás de la máscara del santo se aprovecha de la credulidad de las personas, ahora hizo que para muchos la palabra “teleevangelista” tenía cierto tinte sospechoso. En medio de escándalos estruendos que involucraron los temas perpetuos de sexo y dinero (Jimmy Swaggart y Jim Bakker fueron finalmente expulsados de las Asambleas de Dios), la Asociación Evangelística Billy Graham y las múltiples agrupaciones anexadas quedaron sin reproche. Su estilo de vida personal siguió siendo él de un hombre crecido en Carolina del Norte y su vida familia, problemática a causa de sus largas ausencias, no sufrió por ningunas de las indiscreciones que eran (son) tan comunes en este medio.

La transcendencia de su obra

Billy Graham saluda a 2400 líderes cristianos de 150 países en Lausana 1974

A la pregunta cuál entre todos sus notables logros consideraba su mayor legado, Billy Graham contestó: “El Movimiento Lausana”.

Ciertamente, los estadios llenos en los cinco continentes y las transmisiones radiales que semanalmente llegaban a millones, muy pronto pertenecerán a los lugares remotos de la memoria. Lausana, sin embargo, permanecerá  como punto de partida de una nueva etapa en la historia de la Iglesia, una etapa que apenas comienza a escribirse. Y con el movimiento puesto en marcha por lo que él mismo llamó “una gran necesidad espiritual”, el nombre de Billy Graham, su fundador.

En el tributo que le rinde el Movimiento Lausana lamentando su fallecimiento se destaca la siguiente evaluación:

En el ministerio evangelístico de Billy Graham la unción fue acompañada por agilidad mental y visión a largo plazo .

La transmisión de su fe

Billy Graham tenía la extraordinaria habilidad de poder transmitir su creencias personales a audiencias escépticas y adherentes de otras religiones, sin causar esta impresión de fastidio que de antemano desconecta al público que no comparte la fe del predicador y lo imuniza contra el mensaje.

En 1964, Cardenal Richard J. Cushing, entonces el arzobispo católico de Boston, declaró que ningún católico que escucha predicar al Señor Graham puede “hacer otra cosa sino volverse un mejor católico”.

1990-Encuentro entre el Papa Juan Pablo II. y Billy Graham en el Vaticano

Por supuesto, para sectores fundamentalistas tal reconocimiento de la influencia que ejercía su predicación era  motivo de acusar a Graham de ser “ecumenista” -un insulto en aquellos círculos-, reafirmado en 1990 cuando el evangelista visitó al Papa Juan Pablo II en el Vaticano y declaró su acuerdo con el papa en que las confesiones cristianas debían evitar entrar en conflicto en la recién reunificada Alemania.

En ocasiones como las famosas entrevistas con Larry King, en la televisión americana, el muy versado e intelectual periodista escucha con asombro y mira con admiración al rostro iluminado de Billy Graham que con candidez ingenua le explica por qué para él pensar en la muerte no alberga ninguna amenaza: al contrario, todos los días se prepara para llegar a la presencia de su Señor y verle cara a cara.

Larry King publicó estas entrevistas bajo el título “Un tributo a Billy Graham”

El ateo King no se convence en que tal esperanza tenga un fundamento real y verdadero; sin embargo, como persona imparcial rinde homenaje a la sinceridad con la que el hombre enfrente transmite su convicción y termina diciendo: “Le envidio por su fe”.

Hoy ha llegado el día en el que el predicador y evangelista Rvdo. Dr. Billy Graham pudo cobrar la ganancia de su vida.

 

 

 

 

Las misiones en el Tercer Milenio (2)

Las misiones en el Tercer Milenio (2)

Crónica de un fracaso anunciado

¿Por qué es tan difícil lograr que el creyente normal se involucre en las misiones de la Iglesia de forma significativa? ¿Por qué hay tan pocos creyentes que demuestren un interés por la obra misionera que sobrepasa la curiosidad normal? ¿Cómo aprenderemos a alzar los ojos y dirigir la mirada hacia los campos blancos donde desde siglos se están perdiendo las cosechas?

Las tendencias del desarrollo humano -crecimiento de la población, problemas energéticos/ambientales/alimenticias y la consecuente migración, son desfavorables a la extensión del Evangelio. Los historiadores de siglos futuros registrarán este fenómeno como Crónica de un fracaso anunciado al hablar de la generación de creyentes que vivía 2000 años después del Pentecostés y que presenció con brazos cruzados el retroceso del Evangelio entre los pueblos del mundo.

Dios puede hacer grandes cosas… si hacemos grandes cosas para Él

Hay dos mapas conceptuales que pueden ayudarnos a forzar un cambio de rumbo:

  • La plataforma misionera. Impulsado por pastores y maestros misioneros, la congregación -representada por una mayoría importante de sus miembros- asume su responsabilidad de hacer misiones, convirtiéndose cada uno en misionero que envía por medio de su constancia en oración y aportes financieros. Sobre esta plataforma congregacional se empoderan los misioneros que son enviados, incluyendo a los misioneros nativos que con frecuencia son la mejor opción para el progreso de la obra.
  • El cristiano mundial. Independiente de la clase de involucramiento -enviar o ir-, el creyente individual está llamado a comprender su razón de ser: extender la gloria de Dios sobre la humanidad, hacer que Su Reino se manifieste en la tierra y que todo hombre o mujer en el mundo lo adore (Mt 6:9). Al que esté tan fascinado con esta perspectiva que se dispone a sacrificarse a ella – tiempo, esfuerzo, bienes, vida- se puede describir como cristiano mundial.

Tal vez ningún aspecto de la historia eclesiástica muestra la abundante generosidad con la que Dios contesta a la acción de fe de su pueblo, como lo que podemos observar en las misiones mundiales. Si el terreno perdido es enorme, si el alcance de la tarea parece humanamente imposible, ¡la gracia del Señor es siempre superior! La lección histórica a la Iglesia es que Dios no se mueve donde nosotros no nos movemos, pero si lo hacemos, Él nos arrastra por la magnitud de Su respuesta!

Alza tus ojos y mira, la cosecha está lista

Todos los ministerios tienen que laborar a favor del desarrollo de esta conciencia en el creyente. En el estado actual de adormecimiento y pérdida de enfoque de la iglesia occidental, será necesario

  • provocar un cambio de mentalidad,
  • la creación de patrones nuevos -o más bien radicales, es decir, desde el tiempo de las raíces- de interpretación bíblica y del tema homilético;
  • y la reeducación en cuanto a los objetivos del creyente y la identidad del discípulo.

Comencemos a familiarizarnos con la idea que el mundo nos espera con ansiedad, aún cuando todavía no lo sabe, pero ante todo que el Padre con brazos abiertos seguirá esperando al regreso de todos sus hijos a casa. Si esta espera dura otro milenio más, en nuestras manos está.

Continuará…

Las misiones en el Tercer Milenio (1)

Las misiones en el Tercer Milenio (1)

La Iglesia de Cristo es misionera, o…

Al seguir el curso que el Evangelio ha tomado hasta llegar a nosotros, la historia de cada creyente y de cada iglesia local encuentran su punto de partida en las misiones. En algún momento del pasado, nuestro origen como iglesia cristiana se deduce de la predicación del Evangelio de parte de creyentes venidos de algún lugar distante, o de parte de personas entre nosotros que escucharon el mensaje predicado cuando se encontraron lejos de su residencia habitual.

Sería absurdo y contrario al propósito del Señor que nos confió su Gran Comisión, pensar que la obra misionera de Dios se detuviera por haber alcanzado a nosotros. Más bien, la constitución como pueblo de Dios nos instituye como agentes de Sus propósito y nos determina a expandir esta obra, extenderla donde las buenas nuevas del Evangelio aún son desconocidos. Una condición para dar este paso es hacer de las Misiones un tema central dentro de la comunidad cristiana, con el fin de responder al deseo más profundo de Dios mismo.

El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan.(2P 3:9)

Una historia de enfoques erróneas

El concepto de misiones dentro del marco de las iglesias cristianas ha sido tradicionalmente pobre y reducido. Entre las múltiples razones se encuentran

  • el centralismo transcultural de la Iglesia Católico-Romana, que desde su origen identificó las misiones con la afiliación a la Santa Madre en Roma y no estaba interesada en el crecimiento de fuertes iglesias locales, autónomas y autóctonas;
  • la concentración determinada de las iglesias protestantes en combatir todo lo «católico» sin mirar más allá de los confines del mundo cristiano
  • doctrinas que declararon al status quo del mundo como producto de la soberanía divina – «si el Señor quisiera salvar a los paganos, lo haría sin nuestra ayuda»: predestinación doble, fundamentalismo, y otras;
  • el expansionismo transcultural de las misiones protestantes occidentales, que confundieron el proceso de cristianización con la implementación de la civilización occidental.
  • Finalmente, la indiferencia pronunciada de la iglesia contemporánea evangélica «posmoderna» frente a todo lo que no concierne su propio bienestar y prosperidad.

El efecto de estas actitudes: un abismo cada vez mayor entre lo alcanzado y lo que falta por alcanzar.

La gran ausente en las misiones: la Iglesia

Paradójicamente, la omisión de la iglesia cristiana en alinearse a los propósitos del Señor, queda demostrada por la historia de los misioneros pioneros y la existencia de las organizaciones paraeclesiásticas, conocidas como agencias misioneras. Desde Patricio en Irlanda (siglo V d.C.) hasta Albert Schweitzer en Gabón (siglo XX), los misioneros siguieron a su llamado personal, sin ayuda de parte de la iglesia o incluso teniendo que superar la resistencia de ella. En tiempos modernos, estos pioneros dieron origen a empresas legendarias: las Misiones Jesuitas de acuerdo al modelo de Francisco de Javier, la Misión al Interior de África, siguiendo a los pasos de Livingstone, la Misión al Interior de China, fundada por Hudson Taylor, y muchas otras. Ante este telón, más resalta la ausencia de la iglesia en sí.

A pesar de la Gran Comisión, el movimiento misionero nunca ha sido un movimiento masivo.

El déficit en la misiones, acumulado a lo largo de siglos por una Iglesia que mantiene la vista clavada en sus propias necesidades antes que en los propósitos del Señor, sólo se recupera colocando nuevos odres, nuevos paradigmas, en las mentes de los millones que llenan los templos pero que aún no han descubierto la transcendencia de la existencia cristiana.

¿Cuál es la perspectiva actual de las Misiones globales?

Continuará…