Categoría: Reforma

El milenio de la Iglesia (3)

El milenio de la Iglesia (3)

El modelo del Tercer Milenio

Siguiendo al curso de la historia podemos observar -de manera simplificada- tres diferentes modelos de las relaciones de la Iglesia: primero, como las comunidades cristianas que surgieron de la primera comunidad nacida en el Pentecostés; luego -al convertirse rápidamente en iglesia del estado- en una organización jerárquica; y al romperse camino la Reforma, en la congregación de personas individuales que predomina en el ambiente actual.

Las diferencias entre estas tres versiones elementales son considerables y estrechamente relacionados con el progreso de la historia universal. Sin embargo, sería un gran error hacer responsables al mundo externo de lo que internamente tiene lugar en la Iglesia. Sólo la Iglesia misma decide cómo reaccionar a las circunstancias que el mundo y su historia le presentan, así como cada cristiana tiene que render cuenta por la forma en la que responde en las diferentes situaciones de vida.

Modelo de la Iglesia del Pentecostés

Mirar a la iglesia en sus primeros días nos tiene que dejar boquiabierto. La presencia del Espíritu Santo debe haber sido palpable. ¿Qué otra explicación se podría encontrar por la forma de convivencia en la que entraron aquellos

  • hombres y mujeres
  • de diferentes clases sociales -aunque con gran probabilidad una mayoría de ellos de las clases bajas y medio bajas-
  • de un transfondo cultural unificado por ser judíos, pero al otro lado diverso ya que no todos fueron de Palestina (ver capítulo 6 de Hechos y el problema de las viudas judías y griegas)

Lo que los moldeaba y tal vez el mayor factor que los unía inicialmente, era una esperanza que compartían: el regreso del Señor que los iba a llevar a moradas celestiales.

Y, de hecho, necesitaben aferrarse a esta esperanza, porque tenían el resto del mundo en contra, como pronto, por mucho tiempo, en repetidas ocasiones y lugares distintos, irían a experimentar

¿Cómo construían su esquema relacional?

  • En el centro se encontraba la Iglesia, mejor llamado, la comunidad de los santos.  En ella se encontraban personas en diferentes grados de madurez en la fe, por lo tanto, también en diferentes niveles de liderazgo. Sin embargo, estas autoridades eran de la clase espiritual, no jerárquica. Eran funciones que se ejercían, no posiciones que otorgaban títulos y privilegios.
  • Pero lo más distinguido era que para todos y cada uno, la relación con Dios se establecía porque era parte de la Iglesia.

 

Modelo de la Iglesia imperial

Modelo de la Iglesia congregacional

El Modelo que necesitamos

 

Raíces de la división

Raíces de la división

La Caja de Pandora

En la mitología griega los dioses temen que los humanos se pudieran tornar demasiado poderosos. Así que creen la figura de una bella mujer con nombre Pandora -‘la que regala todo’- que se acerca a los hombres, aparentemente para traerles un regalo, encerrado en una caja. Al abrirla, una serie de males escapa de la caja, afectando y casi destruyendo a la humanidad. La única dádiva buena, la esperanza, se encuentra en el fondo, pero antes de que pudiera salir, Pandora cierra la caja y desvanece.

Cerca de 40,000 denominaciones cristianas existen en el mundo actual

Algo muy parecido se puede observar analizando a la Reforma. El empaque era maravillosa y prometedor: SOLA SCRIPTURA, pero al abrir la caja, es decir, al predicar el acceso universal a la Biblia, inmediatamente comenzaron a salir los males, casi de forma inevitable.

Sería un trabajo hercúleo enumerar a todas las variantes o “corrientes” del cristianismo que brotaron de la Reforma, incluso antes de que esta fuera siquiera identificada como tal. Pero se puede intentar a clasificar las causas que condujeron a esta división sin límites que hoy en día ha creado denominaciones no-católicas que se distancian entre sí tanto como de la Iglesia de Roma.

Raíces de la división

¿Por cuáles causas se forman divisiones? Los 500 años transcurridos desde la Reforma proveen amplio espacio de observación para detectar que son tres los motivos dominantes que causan el éxodo de grupos, inicialmente sectarios, pero que puedan terminar como “iglesia”, separada de la “Iglesia”.

La corrección doctrinal

Es un motivo honorable. Podemos aplicar lo que se dice de Lutero: no apuntaba a dividir la Iglesia; sólo la quiso volver a conducir a la enseñanza y práctica de sus raíces neotestamentarias. El dilema entre santidad y unión es supremamente difícil de resolver y el precio que exige es enorme. El que no esté de acuerdo con “su” iglesia, debería primeramente buscar agotar todos los caminos internos, antes de pensar siquiera en causar divisiones. Pero ante todo es deber y responsabilidad de la Iglesia de Cristo tener el oído abierto ante los reclamos sustentados de los que actúan con buena voluntad de presentarla a Cristo como esposa radiante. Una jerarquía eclesiástica que se reserva el derecho de determinar la sana doctrina y se considera dueño de la iglesia, sin disposición de revisar periódicamente si todavía se encuentra en el sendero del Espíritu, y que, por lo tanto, manda callar o amenaza con expulsión a toda divergencia sin estudiar atentamente sus argumentos… una clase jerárquica tal no actúa diferente a un León X. Son ellos, los que causan la división, no aquellos que se adhieran a los Cinco Solas.

La arrogancia intelectual

El motivo anterior no ha sido muy frecuente, ya que necesita más que la convicción de que algo anda mal. Es precis0 la erudición teológica para definir y formular la nueva doctrina, una erudición que distinguía en su tiempo a Lutero, Melanchthon y Calvino, como posterior a Barth y Bonhoeffer. Un número considerable de divisiones más bien nace de quienes se sientan con derecho de desechar el estudio y el duro trabajo de la metodología teológica que pueda ser revisada y replicada por sus pares, arrogantemente insistiendo en una “revelación personal” recibida directamente del cielo, o por un ángel, o de alguna otra manera, pero en esencia reservada a su persona y, por lo tanto, subjetiva e irrepetible. Lo trágico es que a los ojos de un público no instruido en los fundamentos de su propia fe, esas enseñanzas resultan frecuentemente muy atractivas y se difunden con rapidez. En el tiempo presente el problema se ha agravado por la proliferación de los llamados redes sociales virtuales que propagan contenidos y tendencias de forma indiscriminada.

La ambición personal

Se dice que Julio César, al verse exiliado a una aldea diminuta de la meseta aislada en el centro de Iberia, como castigo a su subordinación y rebelión, se pronunció de la siguiente manera: “Mejor ser el primero aquí, que el segundo en Roma.” Desde el Gran Cisma de 1054 entre las iglesias de Roma y de Constantinopla, hasta el líder de segundo nivel que abandona la comunidad cristiana donde creció para “abrir su propia iglesia”, más divisiones han tenido lugar para satisfacer la ambición personal o justificar la incapacidad de subordinarse, que por cualquier otro motivo. De las tres grandes puertas del Hades que se abren delante de la Iglesia -dinero, sexo y poder-, el poder ha resultado ser el más tentador, para la Iglesia como conjunto, pero también para el creyente individual.

Las consecuencias de la división

Antes de Lutero, ser exomunicado era el arma más efectiva en toda la cristiandad. Ejércitos imperiales eran impotentes frente a ella y los gobernantes más poderosos de su tiempo se vieron obligados a doblar rodillas ante la facultad que el Señor ha entregado a Su Iglesia: usar las llaves del Reino para atar y desatar a las conciencas humanas.

Aquí en nada tiene que ver el abuso que rápidamente se institucionalizó para permitir que una iglesia interesada en el gobierno terrenal ejerciera dominio. El hecho es que la excomunión que hizo temblar a emperadores por razones políticos, al creyente común que en su ignorancia aplaudía a las enseñanzas de un predicador ambulante declarado hereje, se le presentaba como condenación al fuego eterno.

Dentro el ambiente evangélico actual, ser expulsado de la comunidad de los santos, no provoca ni un encoger de hombros a la persona que -por motive honorable o no- pierde la membresía. En primera instancia, porque se siente bien conectada con Dios y no tiene necesidad de la iglesia; en segundo lugar, porque saliendo por una puerta entra por otra enfrente, donde es recibida con júbilo como nuevo miembro o hasta se aventura a “abrir su propia iglesia”.

Las consecuencias de la división son más que serias:

  • Pérdida de la identidad común
    • Rivalidades y conflictos que son un espectáculo para los observadores seculares y dejan a descubierto la ausencia de Cristo en los que asumen ser sus seguidores
  • Pérdida de la visión común
    • Enseñanzas divergentes que confunden y desaniman a los que buscan acercarse al Señor, mientras dan evidencia de la poca seridad con la que en muchos sectores cristianos se trata al mensaje evangélico.
  • Pérdida de la voz común
    • La ausencia de una representación autorizada se convierte en una debilidad a la hora de obtener voz y voto en asuntos de la sociedad secular.
  • Pérdida de la misión común
    • La tarea inconclusa de la Gran Comisión exige un esfuerzo y recursos que solo pueden armarse en una cooperación transversal entre todos los sectores de la Iglesia. La division reduce el potencial misionero y alarga el tiempo de espera del regreso de Cristo.

La existencia actual de unos 45,000 diferentes denominaciones -cada una con sus respectivas iglesias que muchas veces representan disunion y rivalidades entre sí, nos muestra una Iglesia tan arrugada que el Señor difícilmente podría reconocerla.

La unidad evangélica: poca esperanza

Actualmente, una solución al problema de la unidad destruida no está a la vista. Iglesia Católico-Romana y Iglesia Luterana han logrado mantener un marco intacto, dentro del cual, sin embargo, se entablan fuertes divergencias en cuanto a la interpretación de asuntos del mundo moderno. Mientras es posible que antes de 2050 Roma llegue a la abolición del celibato, hay muy poca probabilidad que se abren las puertas al ministerio ordenado de mujeres. En todo caso, la iglesia católica perderá uno u otro sector marginal, o porque progresa, o porque no lo hace.

¿Y los evangélicos? Mientras parece que para algunos el término ‘ecumenismo’ ya no causa el mismo pavor y rechazo que antes, los asuntos de moral social dividen al pueblo en forma progresiva.

En realidad, lo que cree y profesa el creyente individual, continua  dependiendo ante todo de la circunstancia casual en qué lugar y por quiénes ha sido evangelizado. ¿Hasta cuándo, Señor?

 

La Reforma al otro lado

La Reforma al otro lado

Trento: un concilio de reforma intransigente

Hace 450 años clausuró la asamblea conciliar convocada como reacción a la Reforma protestante

Konzil von TrientConcilio de Trento (1545-1567)

Es el comienzo para la renovación de la Iglesia Católica, disparado en reacción a la Reforma. Produce cambios profundos dentro del campo católico; en cuestiones teológicas, sin embargo, los participantes del concilio se muestran absolutamente intransigentes.

Contemplándolo más de cerca, católicos y protestantes podrían considerarse hermanas gemelas. Históricamente, la iglesia católico-romana es mucho mayor; no obstante, en su forma actual nace en el siglo XVI, gestionada por el mismo proceso que las iglesias protestantes y reformadas. Lo que para estos últimos son los tesis de Lutero o los escritos de Calvino, para los romanos son las declaraciones del Concilio de Trento: el intento de reaccionar al mundo moderno, el ambiente el cual también ayudó a la propagación exitosa de la Reforma. Terminó luego de largas negociaciones el 4 de diciembre de 1563, en la catedral de Trento, pequeña ciudad en el norte de Italia.

Imposible continuar como antes

Ante todo es el rampante comercio con las indulgencias que desde los inicios es el blanco de la ira de Lutero. Los protestantes se niegan creer que fuera posible comprarse la impunidad del castigo en el purgatorio, tal como lo sostienen los predicadores de la indulgencia, y más cuando el alto clero abusa de este dinero para sus propios beneficios.

Muchas personas también critican la falta de ética profesional de los dignatarios eclesiásticos. Es  común que obispos nunca han pisado su diócesis o que párrocos jamás ingresaron en sus parroquias. Además, un número significativo de clericales muestra una espantosa ignorancia en temas religiosas. Este último punto constituye un causa principal para el éxito de los reformados.

Las exigencias al concilio no son fáciles de armonizar. Incluso Trento como sede es un compromiso entre emperador y papa: Carlos V. desea un lugar en territorio del Sacro Imperio Romano, el papa prefiere no alejarse mucho de la curia en Roma. Trento, en el sur de Tirol, responde a ambas condiciones. Pero cuando, temporalmente, se intensifica el conflicto permanente entre emperador y papa, el Concilio busca una residencia alternativa en Boloña, dentro de las fronteras de los Estados Pontífices.

A los delegados les cuesta mucho tiempo negociar los contenidos – ni el papa Pablo III., ni sus sucesores Julio III, y Marcelo II. viven para ver la terminación del Concilio. Una tras otra vez hay interrupciones que a veces tardan años. Sólo Pío IV. puede confirmar los resultados negociados en la Bula “Benedictus Dei” (Bendición de Dios).

Los protestantes están ausentes, a pesar de que Papa Pablo III. les garantiza libertad de expresión. Los católicos los consideran como herejes, pero no automáticamente como candidatos a la hoguera. Pero al asistir, en todo caso deberán someterse al fallo del Concilio. Ya en 1537, Martín Lutero ha declarado en los Artículos de Esmalcalda lo que, desde su punto de vista, no era negociable. Los protestantes no ven, pues, ninguna posibilidad de llegar a un acuerdo con los católicos.

La afirmación del cisma confesional

En efecto, las conclusiones del Concilio no indican ningún paso de reconciliación. Todo lo contrario. Los católicos confirman ampliamente y repetidas veces lo que separa a las confesiones. No la gracia de Dios por sí sola, como insisten los protestantes, es capaz de redimir al creyente. Los católicos pueden como antes aportar sus buenas obras a favor de la salvación de su alma. Las indulgencias continúan en vigencia.

Tampoco hay acuerdo con respecto a la interpretación de la revelación. Dios habla a los hombres no sólo por la Biblia, afirma el Concilio. También las decisiones de los concilios y las doctrinas expedidas por el papa tienen validez casi divina. Los protestantes, sin embargo, sólo quieren reconocer a las Sagradas Escrituras como fundamento de su fe.

Donde el Concilio sí llega a algo es en determinar reglas reformadas -tan contundentes que los históricos eclesiásticos hablan de una “era pos tridentina”. El Concilio de Trento se constituye en punto de partida de la Contrarreforma.

  • La venta de las indulgencias es abolida.
  • Los sacerdotes deben recibir educación ministerial mediante especialmente destinados seminarios.
  • Los obispos y párrocos deben tomar residencia en medio de sus comunidades para atender a las necesidades de los feligreses.

Tal vez la consecuencia más influyente de Trento llegará en la práctica: la educación catequética para los creyentes. Lo que el deseo de leer la Biblia en su idioma nativo provocó en el ámbito de la Reforma -la fundación de escuelas primarias religiosas-, para el catolicismo romano será el catequismo. Bajo liderazgo de la orden jesuita se abrirán miles de escuelas parroquiales.

Demasiado tarde para el norte

El cisma, empero, no se puede revertir por el Concilio de Trento; para eso, las confesiones nuevas ya están demasiado arraigadas en el norte de Europa. Incluso los historiadores católicos escriben: “El Concilio apenas llegó a tiempo para guardar a las regiones australes y romanas de caer en la desgracia protestante. Para los países nórdicos ya era tarde.”

América y la Reforma (3)

América y la Reforma (3)

Continuación de América y la Reforma (2)

La tercera etapa: el camino al destino y las consecuencias

Hemos llegado. En enero 1492, los reyes católicos Isabel de Castilla y Fernando de Argón, por su matrimonio corregentes españoles, han obtenido la victoria final de una lucha centenaria: el ultimo reino musulman, el Califato de Andalucía, es conquistador. Los moros musulmanes huyen al cercano Marruecos o se convierten bajo la amenaza de muerte. Para asegurarlo se ha creado la Inquisición española, una entidad eclesiástica independiente de Roma. De paso, los cristianos aprovechan a incluir en este proceso también a los judíos que juntamente con ellos han convivido en paz bajo gobierno musulmán.

El fin de la larga y costosa Reconquista española y las grandes cantidades de bienes musulmanes y judíos que entran en las arcas, permiten a la corona dedicarse a otras emprendimientos. Entre ellos está una nueva revision de la petición por patrocinio de un navegante italiano con nombre Cristoforo Colombo, castellanizado a Cristóbal Colón. Este promete poder llegar a China, el país al oriente de India, tomando rumbo maritimo hacia occidente. Desde la Antigüedad existían comentarios sobre la posibilidad de alcanzarlo, y en el siglo XV, la idea de la Tierra como esfera no se considera improbable entre la gente más educada.

Lo demás se conoce. Pero hace falta destacar algunos contextos:

  • El descubrimiento de América desestabiliza la cosmovisión europea: el mundo resulta ser diferente de lo que se ha tomado por cierto. Y si la imagen de la Tierra puede cambiar, ¿no sería posible que también otros asuntos resultarán ser diferentes de lo que se ha enseñado por siglos? La tierra esférica sacude la seguridad de la tradición y remueve los paradigmas mentales.
  • El descubrimiento de América se debe al cierre del camino hacia Oriente por los turcos. Los europeos se ven obligados a buscar otros caminos.
  • La conquista de América se debe a la superioridad en armamento que permite a unos pocos miles de europeos derrotar a los números superiores de nativos. El invento de las armas de fuego se inspira en la pólvora china que llega en el intento de encontrar un  camino sustituto debido al obstáculo turco.

Hasta aquí la conexión americana. En cuanto a los turcos, sin embargo, hay un vínculo directo entre la Reforma y la expansión del Imperio turco:

  • El Imperio Romano de Oriente o Imperio bizantino ha casi desaparecido bajo la expansión turca. En 1453, la última bastión cristiana en Europa oriental, la capital Constantinopla cae bajo el asedio de los turcos otomanes. En sus manos se encuentra ahora también lo que ha sido la catedral más grande de la cristiandad, la Santa Sofia. Los turcos respetan su decoración cristiana -hasta hoy el Cristo Pantocrátor saluda desde sus altura interior-, pero la convierten en mezquita.
  • Para la Iglesia en Roma es el momento de hacer valer su reclamo como sede principal cristiana. Comienza con la construcción de la catedral más espléndida que conozca el mundo. Pero esto cuesta dinero, dinero que debe ser conseguido de los fieles, entre otro, vendiéndoles indulgencias. Y la venta de indulgencias será el factor que dispara la Reforma.

Aquí se cierra el arco histórico que va desde los turcos a los turcos y une a la Reforma con el descubrimiento de América en una sola cadena de causa y efecto.

El que no conoce a la Historia

…es condenado a repetirla. Es un error costoso ignorar las enseñanzas del pasado, sean positivas o negativas. Pablo recuerda que “nos fueron dados como ejemplo”, ejemplo que puede ser modelo a imitar, pero de la misma manera una advertencia de lo peligros que corremos optando por este o aquel camino.

Analizar la historia de forma imparcial nos permite evaluar nuestro propio contexto y tomar mejores decisiones. Identificar similitudes de situaciones, reacciones y contra reacciones, es un ejercicio imperativo para la Iglesia que tiene la responsabilidad de  restablecer el Reino de Dios, y lo más pronto posible. Aislarse en una burbuja del presente es cómodo, pero conduce a experimentar más de lo mismo. ¡Ocupemos nuestro lugar conscientes de ser miembro una cadena larga cuya dirección futura depende de cada generación que participa en ella.

 

 

 

Vientos de Reforma

Vientos de Reforma

Resultado de imagen para BARCOS DE COLON

Cuando el barco iza las velas a tomar un viento favorable y cambiar el rumbo de navegación para llegar a un puerto seguro o a su destino marcado. A  la entrada de la edad moderna un viento llenó las velas para que se emprendiera el viaje por la búsqueda de lo desconocido y  afirmar lo que la conciencia dictaba, atravesando las grandes corrientes e inmensas olas que amenazan por destruir y encajar la veracidad del conocimiento de aquellos ideales. Hoy las disfrutamos, pero otras generaciones pagaron el precio según su voluntad les dictaba.

El Renacimiento abre las compuertas a la majestuosa represa del pensamiento, grandes descubrimientos e inventos que trastornaron al mundo. Donde lo sacro se creía estable se desmoronaba por la inmoralidad, la incompetencia de sus dirigentes y la desgarradora manipulación de la verdad. Ahora el ser humano es el centro de la existencia, nuevos horizontes  trazarían al humanismo un desarrollo a una nueva embarcación que pretende, como el Titanic, ser indestructible; la visión critica  de la sociedad y el avance del conocimiento estructurado en las trascendentes universidades alimentarían el gran huracán que embiste con fuerza al faro que alumbra con su luz religiosa un solo enfoque, surgiendo entre la niebla los renacentistas hombres que con su literatura observaron el amanecer de otro punto de vista declarando la utopía esperada.

Las embarcaciones asoman el hermoso stand en el arte, una gran gama de estructura y diseño que se exhibe hasta el día de hoy. Leonardo Da Vinci, Fiero, Miguel Ángel nos han dejado una galería en grandes museos que cuentan su historia, son el tesoro mas deseado por los coleccionistas y amantes de la historia, espléndidas catedrales que narran la huella de la tempestad llamada Renacimiento en una combinación entre lo nuevo y lo antiguo; marcadas en las brillantes cúpulas que exhiben el pincel y el desarrollo del arte, como la embarcación deja la huella en la transparencia de sus aguas y así fue el paso del arte.

Observar el horizonte…

 

 

 

América y la Reforma (2)

América y la Reforma (2)

Continuación de América y la Reforma (1)

Segunda etapa: los europeos buscan un camino y encuentran una llave

Reconquista de Jerusalén por los musulmanes bajo Saladino (1187)

Ante la pérdida de acceso libre a la Tierra Santa y los artículos de lujo traidos de Oriente -especies, telas, tapetes, seda, joyería- la primera reacción es la acostumbrada: un llamado a la guerra, la reconquista de lo que según entendimiento cristiano les pertenece. Por dos siglos, con victorias temporales y derrotas devastadoras, mayormente causadas por el carácter aventurero de los participantes, las Cruzadas eran, como lo admiten los historiadores modernos, empresas cuyo objetivo trata de poder y posesiones; en ningún momento su objetivo era la conversion de los paganos, como se llamaba a los musulmanes.

El fracaso de las Cruzadas hace pensar en formas menos costosas de restablecer un negocio tan lucrativo. Los europeos no disponen de los conocimientos en navegación que permiten a los árabes dominar al Océano Índico. Comerciantes intrépidos como la familia veneciana Polo emprenden pues la búsqueda por el centro de Asia, siguieendo a la Antigua “Ruta de la Seda”, un trayecto transitable, pero largo y peligroso en extreme.

A pesar de todo, la caravana de los hermanos Polo alcanza su destino en 1260: la misteriosa y espléndida civilización mongol de China. Tardan quince años en regresar. Su descendiente, Marco Polo (1254-1324) también sigue su camino y vive por 23 años en la corte de Kublai Khan. Pasan casi cuarenta años en ida y vuelta, pero un día Marco Polo entra de nuevo a Venecia. No solo ha regresado, sino ha traído cosas valiosas. Entre ellas una masa de harina, seca y dura, cortada en tiras largas que al dejarlas hervir en agua se vuelven sabrosas y por siempre harán de Italia la patria de la pasta. Papelitos que llevan impresos cifras y con que los chinos llenan los ataúdes de sus difuntos para hacer creer a los espíritus que se trata de algo valioso; cosa que hace reír mucho a sus contemporaneous porque ¿quién podría aceptar billetes de papel en lugar de oro y plata?

Más antigua representación de la carga de un arma de fuego (1326)

También trae un polvo que los chinos usan en sus fiestas para hacerlo explotar y producir ruidos estruendos. Maravillado por las cualidades del “polvo de fuego”, el monje alemán Bertoldo Schwarz (†1384) , aficionado de la alquimia, logra entender y mejorar su composición. Pensando en usos más “útiles” que la diversion, los europeos entienden que sirve para impulsar proyectiles.

El cierre de fronteras por los turcos ha provocado buscar un camino terrestre hacia Oriente, un camino no viable para el comercio de gran estilo. Pero así llega la inspiración para el invento clave que abrirá mundos que los europeos todavía no conocen: las armas de fuego. El primer mundo a descubrir sera América.

América y la Reforma (1)

América y la Reforma (1)

El 12 de octubre de 1492

Cristóbal Colón pisa suelo americano

El vincula que conecta la entrada del continente Americano a la Historia Universal con la Reforma protestante, quizás no es muy obvio, pero es tanto directo como indirecto..

Hay quienes se ríen de la frase “Descubrimiento de América”, porque ¿cómo se descubre lo que ya existió? No obstante, en la humanidad la mera existencia del ser humano le da identidad y derecho, pero no le otorga transcendencia. En este sentido podemos hablar de América, lo mismo como de Oceania, de continentes que fueron descubiertos cuando se rompió su aislamiento geográfico; aislamiento que los separaba de la gran placa intercontinental llamado desde entonces el “Viejo Mundo”, donde el tráfico e intercambio generado entre Europa, Asia y África Norte desde hace miles de años (la barrera de desierto y selva que cruza al continente africano tiene un efecto similar al que tienen los océanos, aislando África Sur) , dio origen al desarrollo de civilizaciones con potencial de transcender en escala global.

El arco de la historia: desde los turcos hasta los turcos

Los antecedentes: turismo religioso y comercio intercontinental

Al comienzo del siglo XI, Europa goza de un period de relativa prosperidad. El sistema feudal se ocupa de la tranquilidad interna; un naciente poder central -el Sacro Imperio Romano de Nación Alemana- ya ha consolidado lo que será su existencia milenaria al rechazar a devastadores invasores asiáticos; el Imperio Romano de Oriente con sede en Bizancio (la anterior Constantinopla) está en una nueva fase de estabilidad, luego de haber perdido grandes porciones de territorio en el Próximo-y Medio Oriente al torbellino levantado por beduinos árabes: la conquista musulmana. También el occidente europeo ha hecho sacrificios cuando los moros, musulmanes de Marruecos y Argelia, se apoderan de la peninsula ibérica. Pero la política de gobernantes como Carlomagno consiste en buscar la convivencia de beneficio mutuo donde le es imposible vencer. Como resultado, la Tierra Santa, ahora bajo dominio musulmán, está abierta a los muchos peregrinos cristianos y en todo el califato con capital en Bagdad, los cristianos gozan de libertad de culto, aunque no de libertad de evangelizar. Al mismo tiempo, los navegantes árabes traen mercancías de India y hasta de China y los mercaderes europeos prosperan al distribuirlas en los mercados de sus países.

La primera etapa: los turcos cierran la frontera

De pronto, todo cambia. Proveniente de Asia Central, tribus nómadas convertidos al islam, reemplazan las decadentes dinastías árabes. Son los turcos. Una de esas tribus, los turcos selyúcidas se lanza contra el Imperio de Constantinopla. Los bizantinos deben ceder la mayor parte de Asia Menor (hoy el núcleo de la nación turca). Por otra parte, los turcos también avanzan hacia Siria y Palestina. Una tras otra las ciudades del Mediterráneo Oriental caen en sus manos, y en 1070 entran en Jerusalén.

El resto de Europa mira con alguna satisfacción como el emperador en Constantinopla pierde territorio. Al gobierno musulmán en los lugares sagrados ya se ha costumbrado. Pero los turcos, a diferencia de los árabes, son nuevos convertidos a la fe islámica, no comprenden la tolerancia practicada contra los cristianos en sus dominios. Además,  son campesinos hechos guerreros, no mercaderes, y el desarrollo económico vía el comercio con los “perros infieles” no es de su interés.

Así que prohiben la entrada de peregrinos, oprimen los cristianos que viven en sus ciudades, y -lo más grave en ojos europeos- no continúan con el comercio. Los turcos han cerrado la frontera.

Continuación…

 

SOLA SCRIPTURA

SOLA SCRIPTURA

 Solo por las Escrituras

¿Se imaginó alguna vez que todo lo que Dios quiso que nosotros supiéramos de Él lo iba a poner en palabras, usando el idioma y el lenguaje común a la época en la que se iba dando la revelación a los humanos?

Dios ha hablado y sigue hablando de muchas formas, los medios de comunicación que Dios usa para dar a conocer su propósito son frescos e innovadores; el Creador no se limita en la forma como se da a conocer a las personas que de una u otra manera necesitan saber sus planes. Cuando hablamos de revelación de Dios, tratamos de pensar en lo que Dios ha dado a conocer de Él mismo. Dios se revela: la manifestación de la divinidad en los cielos y en la tierra es una forma de revelación, pero no es fácil simplemente mirar y encontrar dónde está la divinidad. Hablamos de una revelación más específica, intima, personal y sobre todo entendible en los medios de conocimiento humano; y es en ese preciso instante que podemos ver que sí hay una forma de revelación que se ajusta a nuestra forma de aprender más de la divinidad: La Escritura.

No es fácil para el hombre moderno aceptar que un libro tan antiguo tiene esta categoría de revelación divina, pero no siempre fue así; existieron épocas en donde los documentos que eran reconocidos como mensajes divinos escritos por personajes especiales y con un halo de “unción de Dios” eran tratados con tanto cuidado y veneración que solo unos pocos con capacidades excepcionales tenían acceso a estas escrituras sagradas. Lo que hoy llamamos Biblia, Santas Escrituras o Sagradas Escrituras no siempre fue una biblioteca tan bien estructurada, tuvieron que pasar muchos siglos y muchas discusiones de eruditos para que lo que hoy conocemos como la Santa Biblia llegara a ser así.

Podemos entonces decir, que Dios se ha revelado en las Escrituras, y esta verdad tiene tanto poder para cambiar la forma de pensar sobre Dios, porque es allí, en la SOLA ESCRITURA donde podemos conocer El Plan Eterno del Dios Eterno, ya que progresivamente, a medida que el inclemente tiempo iba pasando, Dios iba mostrando el desenvolvimiento de Su propósito; es solo por medio de las Escrituras que los humanos podemos comprender que tan grande y poderoso es Dios para incrustar sus planes entre nosotros mismos. Dios nunca quiso, estoy seguro de ello, que las Escrituras quedaran vedadas solo para unos pocos, “expertos” en interpretarlas, y mucho menos que fueran puestas en grandes museos para solo ser admiradas por su forma, historia y construcción. No, Dios permitió que se pusieran por escrito todas sus maravillosas obras, para que todos y cada uno de los seres humanos que El creó, pudieran conocerle y relacionarse con Él.

Debido a la fuerza trasformadora que tiene la Palabra escrita de Dios en todos los momentos de la vida humana, la quisieron ocultar de la gente del común, entregando sus riquezas y tesoros inigualables a unos pocos que usando sus habilidades lingüísticas ocultaban las verdaderas intenciones de la siempre Viva Palabra de Dios, ya que por ser una Palabra Viva, es eficaz para iluminar los ojos del hombre perdido y sin destino, puede abrir los oídos del que no puede oír a Dios, limpia la mente y el corazón manchado por la suciedad del pecado humano. Solo la Escritura es suficiente para entender las dimensiones enormes del amor de Dios que excede a todo conocimiento meramente humano. Es gracias a la Escritura que podemos entender el plan eterno de Dios para redimir a toda la raza humana, haciéndose Dios mismo humano para mostrarnos el camino a “casa”. Solo la Escritura es capaz de revelar al hombre y la mujer que Dios siempre ha tenido una Buena Noticia que darnos, desde antes de la fundación del mundo, ya la Palabra hecha carne nos había reconciliado con el Creado. Solo la Escritura tiene el poder de mostrarnos el camino de la salvación y la eternidad que Dios ha puesto en nosotros para estar con Él.

El concepto de la Sola Scriptura es una dinámica libertadora para la interpretación de la revelación Divina. La Sola Scriptura sostiene que la Biblia es la autoridad máxima para la interpretación. La autoridad máxima no es la Iglesia, ni el estado y no depende de la interpretación individual, sino, la Biblia debe interpretar a la Biblia. La Palabra de Dios es su propio intérprete. Hay que interpretar la Palabra con la Palabra. La Biblia es la mejor y máxima intérprete de la Biblia.

Los reformadores estaban cansados con las manipulaciones de la interpretación bíblica por la iglesia tradicional y dijeron lo siguiente (Artículo 7 de la Confesión Belga ¨de 1561, escrito por el mártir Guido de Brés):

“Creemos que esta Santa Escritura contiene de un modo completo la voluntad de Dios, y que todo lo que el hombre está obligado a creer para ser salvo se enseña suficientemente en ella. Pues, ya que toda forma de culto que Dios exige de nosotros se halla allí extensamente descrita, así no les es permitido a los hombres, aunque incluso sean apóstoles, enseñar de otra manera que como ahora se nos enseña por la Sagrada Escritura; es más, ni, aunque fuera un ángel del cielo, como dice el apóstol Pablo (Gá 1:8). Porque, como está vedado añadir algo a la Palabra de Dios, o disminuir algo de ella (Dt 4:2; 12:32; 30:6; Ap 22:19), así de ahí se evidencia realmente, que su doctrina es perfectísima y completa en todas sus formas. Tampoco está permitido igualar los escritos de ningún hombre – a pesar de los santos que hayan sido – con las Divinas Escrituras, ni la costumbre con la verdad de Dios (pues la verdad está sobre todas las cosas), ni el gran número, antigüedad y sucesión de edades o de personas, ni los concilios, decretos o resoluciones; porque todos los hombres son de suyo mentirosos y más vanos que la misma vanidad. Por tanto, rechazamos de todo corazón todo lo que no concuerda con esta regla infalible, según nos enseñaron los apóstoles, diciendo: Probad los espíritus si son de Dios (1Jn 4:1). Asimismo: “Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa.”

Entonces podemos sentirnos confiados que Solo Por la Escritura tenemos un medio maravillosamente efectivo para conocer a Dios y comprender su propósito para con cada uno de nosotros.

La Libertad cristiana según Lutero

La Libertad cristiana según Lutero

La libertad de un hombre cristiano

Esta obra de Lutero hace parte de la lista de Escritos Principales de la Reforma. En ella, el autor  habla claro porque tiene una teología clara. Absolutamente todo lo sustenta bíblicamente, ante todo desde las epístolas paulinas, pero no solo de manera textual sino mayormente temático.

Liberados del fracaso de la obediencia

La libertad anunciada por Lutero partiendo de su examen del Nuevo Testamento es exclusiva para aquellos que creen que por medio de Cristo recibieron justificación delante de Dios sin que primeramente tuvieron labrarse un derecho a ella mediante “buenas obras”.  Bajo “buenas obras”, Lutero entiende obras religiosas: tanto ejercicios de la piedad como, también, la conducta frente a los demás. Lutero comprende la libertad cristiana en primer lugar como una liberación de parte de Dios de todas las exigencias y presiones religiosas. Tomar conciencia plena de esta libertad, así fue la más profunda convicción de Lutero, transforma la actitud del ser humano cristiano no solo para con Dios, al que ahora puede enfrentarse con amor en lugar de con miedo, sino también para consigo mismo y los demás.

Para consigo mismo porque con todos sus fracasos inevitables frente a las demandas de otros -de por sí también legitimizados por Dios- el cristiano ya no se verá ni juzgado ni detenido por su fracasos: en este sentido Lutero habla de  la fe como confianza. Y la actitud frente a los demás es cambiada en cuanto el cristiano ya no tiene que degradarlos como objetos sobre los cuales ejecutar su piedad, por ejemplo como receptores de limosnas que sirven para demostrar la misericordia de uno.

La fe transforma el querer y el hacer

Solo los creyentes se encuentran habilitados a dejar de instrumentalizar otros seres humanos para fines de su propia bienaventuranza eterna (o de la autoimagen positiva), sino tener un encuentro con ellos, de forma que lleguen a visualizarse como personas de derechos  e intereses propios, con necesidades legítimas.

Lutero incluso va un paso más allá. Los creyentes no solo pueden hacerlo, también lo quieren hacer y lo hacen con toda su fuerza. En caso contrario, deben cuestionarse si realmente tienen fe. Porque la conciencia de la libertad cristiana tiene que tener tal efecto en la actitud del hombre cristiano que este renuncia a poner su bienestar personal como meta de su actuación. Ya sabe que ahora, gracias a la acción de Dios, no hay necesidad de eso. El objetivo es más bien el bienestar de otros, incluyendo a los “enemigos”. Así que para Lutero, el amor -entendido tanto como amor al próximo como amor al enemigo- es la consecuencia de la fe en la justificación recibida. La fe, sencillamente, nos hace buenos.

Es una característica decisiva de la libertad cristiana que el hombre cristiano no tiene que orientarse de acuerdo a un catálogo de logros morales, sino que en cualquier situación dada juzgará por sí mismo lo que es lo correcto -lo más amoroso. Por ende, la libertad cristiana apunta a la autonomía y se manifiesta en la libertad de conciencia. Quiere decir que en una y misma situación dada, dos personas cristianas pueden proceder de formas distintas sin que uno de los dos -o ambos-  podrá ser cuestionado en su autoidentificación del ser cristiano. A menos que se trata de una transgresión del mandamiento del amor. Si esto fuera el caso o no, casi siempre solo lo puede juzgar el individuo mismo, ya que, como Lutero lo dice “a nadie se le puede mirar dentro del corazón”.

La libertad cristiana según Lutero: su significado

Lutero extrae del texto una perspectiva triple sobre la situación del hombre cristiano (siempre en el sentido alemán de hombre como ser humano, no como género).

  • Primero.- Es muy difícil juzgar desde fuera si una acción es un acto de amor cristiano o no. La autoridad de interpretación la tiene, en primer lugar, el creyente mismo.
  • Segundo.- Ningún ser humano puede vivir sin actuar; como consecuencia, no existe situación, aunque carezca de importancia, exento de significado ético. Levantar una paja del camino, así el ejemplo famoso de Lutero, puede ser una buena obra, en caso de que se haga por amor por otro, respectivamente desde la convicción que no es necesario para ser justificado.
  • Tercero.- El bien -en el sentido del amor cristiano- no se deja cuantificar; no está sujeto a una competencia de superación.

En un tiempo donde muchos creyentes perciben la libertad cristiana sólo en términos de libertad de culto -la que, por supuesto, también se debe reclamar  así como se debe conceder-,  es liberador volver a entender este concepto central de la fe bajo la luz de nuestra relación con Dios. Porque en este sentido la libertad cristiana es única, no la puede tener sino el que cree en Jesucristo y es privilegio del creyente el que se somete porque así lo quiere.

Dios, en su soberanía, tiene el poder de hacer todo lo que quiere. Pero sólo quiere hacer lo que está dentro de su perfección en amor y justicia de amor. En este último punto, la libertad en Cristo nos abre un vistazo a lo que significa ser como Dios.

La libertad cristiana y la Reforma

La libertad cristiana y la Reforma

El hombre cristiano es un señor libre sobre todas las cosas y no sujeto a nadie. El hombre cristiano es un siervo dispuesto a servir  en todas las cosas y sumiso a todos.

Así suena la frase más famosa del tratado De libertate christiana o Von der Freiheit eines Christenmenschen – “De la Libertad del Hombre Cristiano”. Bajo este título resumió Marín Lutero su clamor por la libertad del ser humano en fe, acción y actitud.  Sus contemporáneos escucharon en este llamado cosas diversas, como por ejemplo, en cuanto a la posición del individuo frente a las autoridades eclesiásticas y seculares. De la libertad individual también se deduce la libertad de conciencia, la que hasta hoy -y hoy más que nunca- rige la convivencia entre  Iglesia y Estado en la sociedad.

La apelación a la conciencia moral en contra de las autoridades estatales y eclesiales es la escena nuclear de la Dieta de Worms en 1521 y de impacto de gran transcendencia: el despertar del pénsamiento autónomo. Los hombres comenzaron a descubrir en grado cada vez mayor su propia personalidad y capacidad frente al estado y la iglesia. Al colocar la responsabilidad personal y la decision de conciencia de cada uno en posición central, la Reforma anunció el fin del poder absoluto de las autoridades.

No obstante, hasta la realización plenaria de este concepto hay un camino largo con muchos desvíos y retrocesos, aun dentro del mundo cristiano y hasta el día de hoy. Más importante, entonces, preguntarnos por el significado de lo escrito por Lutero sobre este concepto central, en cuanto a nuestra propia relación con la libertad dentro de nuestro propio contexto.

El trasfondo

Desde el Imperio de la Iglesia, es decir, desde que se estableció como religion del Imperio Romano (380), y a lo largo de toda la Edad Media, el cristianismo se considera como orden sacro dentro del cual cada ser humana ocupa una posición fija, prescrita por Dios. La  Iglesia como un todo gozaba, por supuesto, de la libertad a fijar este orden según parámetros establecidos por ella (en contraste con el judaísmo que se regía según una ley divina muy detallada). Empero el creyente individual debía subordinarse para encajar en este orden. Sólo mediante esta subordinación y el cumplimiento de las múltiples obligaciones formales definídas la Iglesia, le fue posible al cristiano participar de la salvación por Cristo; así lo enseñaba hasta entonces la doctrina de la redención.

Para Lutero y los reformadores que le siguieron, esto era contrario al sentido de religion: “Aun cuando por tantas buenas obras estuvieras sobre pie todo el tiempo, todavía no serías justificado ni darías honor a Dios, así que no cumplieras el primer mandamiento”. Por ende, la religion concebida bajo los parámetros anteriores actúa en contra de la libertad terrenal individual y solo le remite al creyente a una vida mejor y justa en al más allá. A esta perspectiva Lutero contrapone el concepto extraido de los escritos paulinos: que el hombre cristiano tiene que ser libre precisamente en el Aquí y Ahora. Lo sustenta con que no es por las obras sino únicamente por la fe que el hombre alcanza la justificación.

La libertad cristiana: su significado

Dentro de la historia humana, el tratado de Lutero traza la línea que separa el pensamiento medieval del pensamiento moderno. Al postular el sumario de las libertades cristianas las presenta no como independientes una de la otra, sino como una secuencia lógica de argumentación. Esto no solo según la comprensión de una lectura después del siglo XX; ya sus contemporaneos comprendieron la conexión entre libertad religiosa y las demás libertades culturales, intelectuales, sociales, económicas y políticas. El pensamiento central significa un revolcón total en la relación entre religion y libertad individual.

Una verdad teórica

Una mirada a la historia es suficiente para darnos cuenta que ni el reformador, ni la Reforma, ni los hijos de la Reforma entre cuyos bisnietos figuramos, lograron implantar este concepto grandioso del Evangelio. Una tras otra vez fracasa la Iglesia a vivir hasta la altura de su libertad y cada vez lo paga más caro con la pérdida de su influencia. Incluso donde los números parecen indicar lo contrario, está claro que las multitudes que se reúnen en los estadios y templos ni conocen ni se interesan por la libertad en Cristo que se les concede como privilegio y como responsabilidad.

Y sin embargo, es el ejercicio de esta libertad, tan caramente comprado por el Señor Jesucristo, lo que da validez a la decisión de obedecerle.