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América y la Reforma (1)

América y la Reforma (1)

El 12 de octubre de 1492

Cristóbal Colón pisa suelo americano

El vincula que conecta la entrada del continente Americano a la Historia Universal con la Reforma protestante, quizás no es muy obvio, pero es tanto directo como indirecto..

Hay quienes se ríen de la frase “Descubrimiento de América”, porque ¿cómo se descubre lo que ya existió? No obstante, en la humanidad la mera existencia del ser humano le da identidad y derecho, pero no le otorga transcendencia. En este sentido podemos hablar de América, lo mismo como de Oceania, de continentes que fueron descubiertos cuando se rompió su aislamiento geográfico; aislamiento que los separaba de la gran placa intercontinental llamado desde entonces el “Viejo Mundo”, donde el tráfico e intercambio generado entre Europa, Asia y África Norte desde hace miles de años (la barrera de desierto y selva que cruza al continente africano tiene un efecto similar al que tienen los océanos, aislando África Sur) , dio origen al desarrollo de civilizaciones con potencial de transcender en escala global.

El arco de la historia: desde los turcos hasta los turcos

Los antecedentes: turismo religioso y comercio intercontinental

Al comienzo del siglo XI, Europa goza de un period de relativa prosperidad. El sistema feudal se ocupa de la tranquilidad interna; un naciente poder central -el Sacro Imperio Romano de Nación Alemana- ya ha consolidado lo que será su existencia milenaria al rechazar a devastadores invasores asiáticos; el Imperio Romano de Oriente con sede en Bizancio (la anterior Constantinopla) está en una nueva fase de estabilidad, luego de haber perdido grandes porciones de territorio en el Próximo-y Medio Oriente al torbellino levantado por beduinos árabes: la conquista musulmana. También el occidente europeo ha hecho sacrificios cuando los moros, musulmanes de Marruecos y Argelia, se apoderan de la peninsula ibérica. Pero la política de gobernantes como Carlomagno consiste en buscar la convivencia de beneficio mutuo donde le es imposible vencer. Como resultado, la Tierra Santa, ahora bajo dominio musulmán, está abierta a los muchos peregrinos cristianos y en todo el califato con capital en Bagdad, los cristianos gozan de libertad de culto, aunque no de libertad de evangelizar. Al mismo tiempo, los navegantes árabes traen mercancías de India y hasta de China y los mercaderes europeos prosperan al distribuirlas en los mercados de sus países.

La primera etapa: los turcos cierran la frontera

De pronto, todo cambia. Proveniente de Asia Central, tribus nómadas convertidos al islam, reemplazan las decadentes dinastías árabes. Son los turcos. Una de esas tribus, los turcos selyúcidas se lanza contra el Imperio de Constantinopla. Los bizantinos deben ceder la mayor parte de Asia Menor (hoy el núcleo de la nación turca). Por otra parte, los turcos también avanzan hacia Siria y Palestina. Una tras otra las ciudades del Mediterráneo Oriental caen en sus manos, y en 1070 entran en Jerusalén.

El resto de Europa mira con alguna satisfacción como el emperador en Constantinopla pierde territorio. Al gobierno musulmán en los lugares sagrados ya se ha costumbrado. Pero los turcos, a diferencia de los árabes, son nuevos convertidos a la fe islámica, no comprenden la tolerancia practicada contra los cristianos en sus dominios. Además,  son campesinos hechos guerreros, no mercaderes, y el desarrollo económico vía el comercio con los “perros infieles” no es de su interés.

Así que prohiben la entrada de peregrinos, oprimen los cristianos que viven en sus ciudades, y -lo más grave en ojos europeos- no continúan con el comercio. Los turcos han cerrado la frontera.

Continuación…

 

¿Tiene la Reforma un mensaje para hoy?

¿Tiene la Reforma un mensaje para hoy?

Martín Lutero no era ni el primero, ni el único, en la larga fila de creyentes preocupados por el camino que está tomando la Iglesia de Cristo en su tiempo, ni tampoco fue el último. Lo que distingue a este alemán, descendiente de una familia en ascenso a la burguesía, es la interpretación renovada del mensaje bíblico, producto de su trabajo como profesor de Teología. Soltarse de las ligaduras de la tradición y confrontar la doctrina y práctica eclesial que vivió con la terquedad de sus antepasados campesinos, es su mérito. El ingrediente básico de la Reforma protestante es, sin duda, su sustentación por la cátedra teológica.

Sin embargo, el movimiento puesto en marcha por Lutero hubiera podido terminar donde muchos otros terminaron: en las hogueras de la inquisición, si no hubiera sido gracias a un segundo factor: el momento histórico propicio, una época en la que las exploraciones y descubrimientos  científicos demostraron que lo que siempre se había creído sobre el mundo, era obsoleto y desaprobado. Las mentes quedaron preparadas para poner en duda incluso lo que hasta entonces figuraba como verdad espiritual.

La Reforma es, a pesar de que mucho de la cosmovisión de los reformadores tenía su ancla en una percepción medieval del mundo, un producto de la era moderna, un toque de trompeta que presagia y anuncia cambios vertiginosos. Al propagar la lectura de la Biblia, usando el instrumento de la imprenta, abrió las Escrituras al examen crítico, pero también dio a las masas acceso a la educación, la clave del progreso social. Cabe plantearnos la pregunta sobre el papel de la Iglesia en una época denominada pos-moderna

Una distancia de 500 años es una medida adecuada para evaluar si existe un mensaje que haya perdurado por el tiempo, por lo que nos parece bien hacer tres recomendaciones:

  1. NO espiritualizar la Reforma: su nacimiento está inseparablemente vinculado al desarrollo histórico del mundo y su éxito se debe en igual medida a las vicisitudes políticas y sociales de su época.
  2. NO idealizar la Reforma: sus actores tenían virtudes, deficiencias y fallas humanas; entre sus consecuencias también se encuentran algunas de impacto negativo y desastroso para el destino de la humanidad.
  3. NO limitar la Reforma: su repercusión excedió por lejos al ámbito religioso, cambiando la cosmovisión de un continente y su expansion; y también transcedió a su sociedad contemporánea hasta hoy.

¿Creemos que ya todo lo sabemos o seguimos buscando la verdad fundamentada por la interpretación teológica? ¿Preferimos aceptar conceptos que no desafíen nuestra cosmovisión o rechazamos los pretextos cómodos de no reformarnos? ¿Cuál es nuestra responsabilidad heredada como ministros competentes del Nuevo Pacto, administradores fieles de la Comisión de Cristo y de los reformadores que arriesgaron todo?

¡Qué los 500 años de la Reforma protestante sean ocasión de meditar sobre ello!