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Un dilema permanente

Un dilema permanente

Una decision con consecuencias

Existe acuerdo entre los historiadores que la intención de Lutero no era un cisma de la Iglesia. Con toda fuerza apuntaba a una reforma intra eclesial, una reforma que de nuevo colocara la Confessio Christi, la confesión sincera de Cristo, en el centro de la cristiandad. Su crítica fundamental encontró oídos abiertos entre diversos príncipes territoriales y teólogos, lo que condujo a su pronta aceptación en un número grande de los países y regiones de alemana – y con ello, a la disolución de la unidad confesional cristiana.

Entre la santidad y la unidad

¿Qué es preferible? Tolerar los errores doctrinales y éticos, esforzándose a corregirlos desde adentro? Este es el camino propuesto por Erasmo de Rotterdam. Su plan reformatorio conducirá a la transformación paulatina de amplios círculos en la Iglesia. Un ejemplo actual es el Aggiornamento (puesta al día, actualización) encaminado por el Papa Juan XXIII. del cual lleva una línea directa al Papa Francisco.

¿O es preferible insistir en cambios instantaneos, por naturaleza revolucionarios, arriesgando la division? Esto es lo que hace la Reforma protestante.

Lo que  cuesta dividir la Iglesia

Es el comienzo de un siglo de guerras confesionales en las cuales los territorios católicos luchan contra los países protestantes, reformados. Millones de seres humanos pierden la vida y vastas zonas de Europa son asoladas. Sólo la Paz de Westfalia de 1648 pone fin a la expresión bélica del conflicto entre los cristianos y, al mismo tiempo, perpetúa el cisma a lo largo de las líneas confesionales.

Tardará muchos siglos, de hecho, hasta hoy en día, que protestantes y católicos aprenden llevar una discusión sobre el camino correcto que sea abierta, pera pacífica. “Unidad en la diversidad” es la divisa de hoy: se acepta que existan diferencias doctrinales, litúrgicas y organisatorias. Pero, por lo menos en Alemania, donde el conflicto interconfesional ha cobrado tantas vidas y les ha cobrado a ambos lados un alto precio en forma de personas que ya no querían saber ni de los unos ni de los otros, donde aun en siglos posteriores a la guerra odio y discriminación fueron sembrados, se aprecia el clima de respeto mutuo y cooperación tanto por protestantes como por católicos.

Claro está: son muchos, y a veces los mejores, que en este conflicto han dado la espalda a ambas versiones, habiendo perdido la confianza en una iglesia que da el otro golpe antes que la otra mejilla. Católica o protestante, Wittenberg y Ginebra o Roma, al perder la unidad también se mancharon de sangre.

La division confesional: su significado

Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable.

En su magnífica epístola dirigida a la comunidad de creyentes en Éfeso, Pablo, su fundador, nos presenta con una gran verdad: la Iglesia de Cristo es más que solo un marco dentro del cual se encuentran acobijados los seguidores del Señor: es una persona por sí misma. Como individuos  podemos alegar nuestra inmadurez, nuestra imperfeccicón, con la esperanza que Jesucristo cubrirá lo que nos falta.

Como personas tenemos licencia de equivocarnos; como Iglesia, sin embargo, no.

Ni mancha ni arruga

La metáfora de la Iglesia como esposa radiante de Jesucristo abre la pregunta por la clase de manchas y arrugas que la harían inaceptable delante de Él.  El vocabulario usado señala hacia defectos faciales cuya presencia daña a la belleza perfecta.

La interpretación de estos dos defectos está, por supuesto, abierta. Pero en vista de las declaraciones de Jesús mismo sobre la vida de la comunidad cristiana en su conjunto, tiene alta probabilidad aplicarlos a las dos pecados presentes en la Iglesia desde tiempos bíblicos y a lo largo de la historia cristiana hasta el día presente:

La falta de santidad y la falta de unidad.

Mientras el primer defecto recibe atención periódica y una tras otra vez surgen los movimientos de santidad (a veces una santidad rudimentaria, enfocada en forma unilateral hacia el “No harás”), es obvio que al segundo defecto no se dedica pensamiento alguno de parte de una iglesia de afiliaciones denominacionales con poca disposición de llegar a un estado de cooperación en la tarea inclonclusa.

“Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.”

La convivencia pacífica y cosntructiva entre las confesiones que se aprendió en Europa, exigió un precio excesivo en vidas y felicidad humanas. La separación entre Iglesia y Estado evitó que America del Norte corriera el mismo destino. A América Latina, ignorante y negligente frente a las lecciones de la historia, la apariencia de corrientes no católicos llegó tan tarde, que la modernización de la sociedad impidió la escalación sangrienta del conflicto. Quedaron, no obstante, suficientes resentimientos en el lado evangélico que para muchos creyentes la palabra “ecumenismo” suena a herejía y subyugación.

La multiplicación denominacional que arrasa a la iglesia evangélica en América, África y Asia, el enfrentamiento entre fundamentalistas y liberalistas, y el individualismo intrínseco de la doctrina protestante, han hecho olvidar la verdadera identidad de la Iglesia, cimentada en sus primeras declaraciones confesionales. Para muchos oídos sonará ofensivo lo que en el Nuevo Testamento quedó documentado:

La Iglesia de Cristo es Una, Santa, Apostólica, Católica y Ecuménica.

Ante la tendencia recesiva del cristianismo dentro de la población global, es urgente, muy urgente, recuperar el sentido bíblico auténtico de esta declaración. ¿O de verdad alguien pueda asumir que la Iglesia de Cristo no sea una iglesia universal (católica) que debe componerse de los creyentes de toda la tierra (ecuménica)?

 

Lectura recomendada: Watchman Nee, Pláticas adicionales sobre la vida de la Iglesia, Living Stream Ministry, Anaheim CA. 2da Ed. 2012.

SOLA SCRIPTURA

SOLA SCRIPTURA

 Solo por las Escrituras

¿Se imaginó alguna vez que todo lo que Dios quiso que nosotros supiéramos de Él lo iba a poner en palabras, usando el idioma y el lenguaje común a la época en la que se iba dando la revelación a los humanos?

Dios ha hablado y sigue hablando de muchas formas, los medios de comunicación que Dios usa para dar a conocer su propósito son frescos e innovadores; el Creador no se limita en la forma como se da a conocer a las personas que de una u otra manera necesitan saber sus planes. Cuando hablamos de revelación de Dios, tratamos de pensar en lo que Dios ha dado a conocer de Él mismo. Dios se revela: la manifestación de la divinidad en los cielos y en la tierra es una forma de revelación, pero no es fácil simplemente mirar y encontrar dónde está la divinidad. Hablamos de una revelación más específica, intima, personal y sobre todo entendible en los medios de conocimiento humano; y es en ese preciso instante que podemos ver que sí hay una forma de revelación que se ajusta a nuestra forma de aprender más de la divinidad: La Escritura.

No es fácil para el hombre moderno aceptar que un libro tan antiguo tiene esta categoría de revelación divina, pero no siempre fue así; existieron épocas en donde los documentos que eran reconocidos como mensajes divinos escritos por personajes especiales y con un halo de “unción de Dios” eran tratados con tanto cuidado y veneración que solo unos pocos con capacidades excepcionales tenían acceso a estas escrituras sagradas. Lo que hoy llamamos Biblia, Santas Escrituras o Sagradas Escrituras no siempre fue una biblioteca tan bien estructurada, tuvieron que pasar muchos siglos y muchas discusiones de eruditos para que lo que hoy conocemos como la Santa Biblia llegara a ser así.

Podemos entonces decir, que Dios se ha revelado en las Escrituras, y esta verdad tiene tanto poder para cambiar la forma de pensar sobre Dios, porque es allí, en la SOLA ESCRITURA donde podemos conocer El Plan Eterno del Dios Eterno, ya que progresivamente, a medida que el inclemente tiempo iba pasando, Dios iba mostrando el desenvolvimiento de Su propósito; es solo por medio de las Escrituras que los humanos podemos comprender que tan grande y poderoso es Dios para incrustar sus planes entre nosotros mismos. Dios nunca quiso, estoy seguro de ello, que las Escrituras quedaran vedadas solo para unos pocos, “expertos” en interpretarlas, y mucho menos que fueran puestas en grandes museos para solo ser admiradas por su forma, historia y construcción. No, Dios permitió que se pusieran por escrito todas sus maravillosas obras, para que todos y cada uno de los seres humanos que El creó, pudieran conocerle y relacionarse con Él.

Debido a la fuerza trasformadora que tiene la Palabra escrita de Dios en todos los momentos de la vida humana, la quisieron ocultar de la gente del común, entregando sus riquezas y tesoros inigualables a unos pocos que usando sus habilidades lingüísticas ocultaban las verdaderas intenciones de la siempre Viva Palabra de Dios, ya que por ser una Palabra Viva, es eficaz para iluminar los ojos del hombre perdido y sin destino, puede abrir los oídos del que no puede oír a Dios, limpia la mente y el corazón manchado por la suciedad del pecado humano. Solo la Escritura es suficiente para entender las dimensiones enormes del amor de Dios que excede a todo conocimiento meramente humano. Es gracias a la Escritura que podemos entender el plan eterno de Dios para redimir a toda la raza humana, haciéndose Dios mismo humano para mostrarnos el camino a “casa”. Solo la Escritura es capaz de revelar al hombre y la mujer que Dios siempre ha tenido una Buena Noticia que darnos, desde antes de la fundación del mundo, ya la Palabra hecha carne nos había reconciliado con el Creado. Solo la Escritura tiene el poder de mostrarnos el camino de la salvación y la eternidad que Dios ha puesto en nosotros para estar con Él.

El concepto de la Sola Scriptura es una dinámica libertadora para la interpretación de la revelación Divina. La Sola Scriptura sostiene que la Biblia es la autoridad máxima para la interpretación. La autoridad máxima no es la Iglesia, ni el estado y no depende de la interpretación individual, sino, la Biblia debe interpretar a la Biblia. La Palabra de Dios es su propio intérprete. Hay que interpretar la Palabra con la Palabra. La Biblia es la mejor y máxima intérprete de la Biblia.

Los reformadores estaban cansados con las manipulaciones de la interpretación bíblica por la iglesia tradicional y dijeron lo siguiente (Artículo 7 de la Confesión Belga ¨de 1561, escrito por el mártir Guido de Brés):

“Creemos que esta Santa Escritura contiene de un modo completo la voluntad de Dios, y que todo lo que el hombre está obligado a creer para ser salvo se enseña suficientemente en ella. Pues, ya que toda forma de culto que Dios exige de nosotros se halla allí extensamente descrita, así no les es permitido a los hombres, aunque incluso sean apóstoles, enseñar de otra manera que como ahora se nos enseña por la Sagrada Escritura; es más, ni, aunque fuera un ángel del cielo, como dice el apóstol Pablo (Gá 1:8). Porque, como está vedado añadir algo a la Palabra de Dios, o disminuir algo de ella (Dt 4:2; 12:32; 30:6; Ap 22:19), así de ahí se evidencia realmente, que su doctrina es perfectísima y completa en todas sus formas. Tampoco está permitido igualar los escritos de ningún hombre – a pesar de los santos que hayan sido – con las Divinas Escrituras, ni la costumbre con la verdad de Dios (pues la verdad está sobre todas las cosas), ni el gran número, antigüedad y sucesión de edades o de personas, ni los concilios, decretos o resoluciones; porque todos los hombres son de suyo mentirosos y más vanos que la misma vanidad. Por tanto, rechazamos de todo corazón todo lo que no concuerda con esta regla infalible, según nos enseñaron los apóstoles, diciendo: Probad los espíritus si son de Dios (1Jn 4:1). Asimismo: “Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa.”

Entonces podemos sentirnos confiados que Solo Por la Escritura tenemos un medio maravillosamente efectivo para conocer a Dios y comprender su propósito para con cada uno de nosotros.